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marzo 31, 2012

Capitulo V El Pasado

por thesecretwriteraboutyou

Capitulo V

   San Petersburgo, 10 diciembre 1780
 
Querida Ivanova:
Mi vida se ha vuelto maravillosa y creo que todas mis pesadillas se han terminado, éste cambio del cielo a la tierra ni yo misma lo puedo creer, he conocido al mozo más generoso, gentil y guapo que álguien pudo haber conocido nunca, lo único que se podría que nos podría limitar es que extranjero, no se parece en nada aquel marinero tan extraño y perfecto con quien crucé miradas en Marsella el pasado septiembre y que me robo el corazón en un segundo, ya sabes mejor tú como son estas cosa del amor. Lo he conocido hace una semana en la fiesta de del 11 de éste mes, nos hemos topado por casualidad, en uno de los puestecitos que ofrecían vino, y yo Ivanova prácticamente ví como un faro le iluminaba, pero es que no había ningún faro cerca. Hablamos en ingles, pues resulta que el caballero es  suizo y vino para vacacionar y para las fiestas, no hemos parado de hablar por horas, me ha explicado lo lindo de su pueblo, y me ha dicho que tiene muchas flores, la nieve brilla, y todo es muy tranquilo. ¡Ay! Estoy tan conmovida, Italia y suiza, ¡que cerca son!, ¡ay! Ivanova que cerca  tu estarás de él. Hoy te escribo  yo y ya  a él le quedan tres días de estadía en San Peter, caminamos todas las tardes cerca de la plaza, y todas las mozas lo miran porque él es muy atento conmigo, además de ser el mozo mas guapo que ha venido por aquí y desde tan lejos, ¡ay! Pero que digo si eso ya lo dije, ¡que guapos es! ¡Ay! otra vez!
Me da mucha risa, el amor es tan fácil Ivanova, aprendo que se encuentra a la vuelta de las esquina, que fácil es Ivanova que lo quieran a uno y uno querer al otro, es de lo mas fácil, encontrar su amor verdadero, bueno para mi será el.
Ahora entiendo mas del amor, y garantizo seguro una unión como la tuya con Ricardo, ¡que maravilla!, pues la vida ahora tiene colores para mí y nuevas esperanzas, hemos hablado y él me dice que desde que me vió, supo que yo era la esposa que estaba buscando Ivanova, ¡imagínate semejantes hermosas palabras! De camino a la plaza  le convidé comprar chocolate caliente para que probara la calidad y es sabor en San Peter, llegamos hasta la posada de la señora Poléchka, ¿te acuerdas? quien se apuró al vernos en darnos dos sillas para que nos acomodáramos cerca de la chimenea. Y con las ramitas de las flores que adornaban la mesa me hizo un pequeño anillo y me lo puso en el dedo y me besó la mejilla, yo enseguida me apuré a devolverle el gesto,  así quedamos los dos “prometidos de anillos”.
¡Ay que hermoso es el amor Ivanova! Ya te contaré de la triste despedida del mozo maravilloso, apenas llegue ese momento.
 
Adios Ivanova,
 
Amorosamente,
 
Dankha.
 

******

                                                                           

                                                                                   San Petersburgo, 15 de diciembre 1780
 
Muy extrañada Ivanova,
 Hoy me he podido sentar a escribirte finalmente después de que el mozo se fué, me ha prometido escribir cartas cada dos días, se ha ido muy triste y muy enamorado, también me he quedado muy triste y muy esperanzada de que vuelva, aunque no hablamos de ninguna formalidad, cuando partió su coche ya tenia lagrimas en los ojos, me parece muy sensible de su parte, pero creo que soy yo la insensible porque no me ha caído ni una sola lágrima, mas cuando llegué a la casa, ya he visto todo negro como si el sol y la luna ya no estuvieran mas en el mismo planeta, así he pasado estos días, tratando de componerme de la partida de Makallé, pues ese es su bello nombre, como estoy tan segura de su amor, desde ya he empezado a recoger y ordenar todas mis cosas para cuando la llamada del amor me pida no me coja desprevenida.
Todavía recuerdo el viaje a Marsella, pero siempre menos, todavía me sigo carteando con la compañía de teatro ya casi han terminado su construcción, sé que algún día estaré allí, como una gran artista, yo no lo he comentado con Makallé, no quería que se llevara una mala imagen de mi, ya sabes como piensa la gente de los actores, y todo aquel que se relacione con el teatro ¡banal, banal! he seguido con mis estudios de francés, italiano e ingles para que nada me tome desprevenida cualquier maravilloso evento.
Ya no tengo tanta fuerza para seguir escribiendo, he quedado tan sola, y ya escribiendo estas últimas líneas he comenzado a verter por fin las lágrimas. Pues caigo en cuenta que ya se ha ido. Con la llegada de Marallé mis nervios se han vuelto sumisos, he tenido menos pesadillas, se puede decir que hasta recuperé un poco la memoria, ya no me falta el aire tan a menudo, quizás pueda sobrellevar mi lúgubre vida aún un tiempo mas. Pero prometo escribirte mañana, ¿cuéntame como van tus cosas otra vez? Ya me he perdido en el tiempo de nuevo.
Amorosamente,
Dankha.

*******

                                                                                                                 

                                                                                                              Basel, 5 January 1781
 
My love Dankha:
 
 I miss you so deeply, that my chest can’t find a place for peace, I spend a lot of time remembering your lovely face, your voice and all of you. I still carry our floral ring despite my finger is so green about it. ¿have you carry the same one? Let me know, it just gives peace to my heart.
I know just barely a month have been, but I truly miss you and, I feel that I can’t continue living my life without you, ¿will you make that favor for me with your present? I want to my life back, and you are yet in there. Dear Dankha, im proposing you to come to visit me, and you can stay in with me the time that you wish, I have told to my family that I met you, and I’m in love whit you in this totally out of control form, so they are truly  worry and want to meet you, bit don’t worry the are truly happy for it.
I f you say yes, I will send you the car in order to pick you up in San Peter and brings you to me. Is a long journey but, ¿ It does matter?
I can’t even wait for your response, I can hardly breathe, all my nights so far are disaster, and I guess all my days too, all they have not colors yet.
Oh my love I miss you, I feel truly inside me that you are the one for me, in my last day in San Peter, I remember very well it was raining, the reason for the rain that I totally believe is for “the heaven was crying for let us apart”. That is so simple to understand.
Please write me as soon you can, let me know if you have still the ring, let me know if you still love me, I hope you keep receiving all my letter just as I promise, but in my heart this is the most important letter that I write it to you.
Is so hard to be without you.
I have all this words in my mind that I want to tell you now:
Carry each other, one love.
I was made for loving you darling, and you was made for loving me. So I want a kiss.
 Passionate,
Makalle James.

******

                                                                                                          Basel, 24 de febrero 1781

 

Querida Ivanova: 

He llegado a Suiza  apenas ayer, ni yo misma me lo puedo creer, a Mamuska le hubiera encantado venir aquí, apenas me he acercado a la ciudad pude ver como la lluvia corría tan suavemente que parecía una de esas pinturas que tanto nos gustan, es hermoso aquí y menos frio que San Peter, allí he dejado a mis únicos poquísimos amigos, el que más contento estaba era Androko, se le salían los ojos de la emoción al ver el carruaje que me habían mandado especialmente para el viaje, me ha dado miles de consejos, que he escuchado con paciencia ya que todos eran descabellados supongo que a razón de su repatriación desde su país natal en los andes americanos, Alexandra me ha abrazado todo el tiempo dandome ánimos como para ir a una guerra, ella es polaca y es mi ultima adquisición de personajes bohemios, ya ha viajado tanto, es pintora y la quiero con locura, se parece a nosotras Ivanuska, pues sufre de los mismos tormentos de nuestra infancia, ella estaba mucho mas emocionada que yo, mi amado Yairob, estaba tan malhumorado ése si que no tenía una pizca de alegría, a él como le quiero, me parte el corazón dejarlo, es un “objeto muy raro y preciado” todos nos hemos despedido como si estuviéramos en un cuento de hadas, mas bien estamos todos como impresionados de las cosas éstas que nunca pasan, o ¿siempre pasan?, o no sé que explicación, porque nunca pudimos encontrarle una. Nos hemos quedado todos con el alma en vilo pensando que podria pasaría ahora, pero trastornados de esta felicidad compartida. Así he dejado San Peter para siempre supongo, ahora las cartas te llegaran más rápido porque nos acorta la distancia de nuestros corazones desde “Basel hasta Genova” ¿Quién puede creerlo? ¿Puedes tú creerlo Ivanuska? ¿Puedo yo misma creerlo? No puedo creerlo, debe ser un milagro de Mamuska, donde quiera que esté, ¿Los vivos pueden hacer milagros Ivanuska?. ¡Ah! Que alegría la proximidad ¡el corazón se me sale del pecho al encontrarme tan cerca de ti! Mas déjame contarte lo bello de esto; al ver a mi honrado pretendiente me ha dado un abrazo como para ya nunca mas soltarme, me ha dicho un sinfín de veces que no podía creer que mis ojos lo estuvieran mirando, nos hemos tomado de la mano, y al salir yo del carruaje nos quedamos viéndonos como si estuviera cada uno frente a un espejo, su casa es casi perfecta, blanca, enorme de techos rojos, quién iba a pensar que mi amado caballero es bastante adinerado y vive sólo con su abuela y un sirviente, la razón está en que se ha encargado de un almacén familiar que queda muy cerca de esta calle, y es un comercio de la familia, esta casa es de su abuela y es tan grande que podías perderte, sus padres viven cerca a pesar de mi incredulidad, me ha dicho toda la verdad, no sé que rasgos tendrá su abuela pero todavía no la conozco.

Me ha mostrado una habitación en la que debo instalarme muy cerca de la suya, es toda de madera, hermosa, con cama blanca con detalles de pequeñas flores rosadas y rojas y hojitas verdes, es una costura muy particular, una de  las ventanas tiene vista hacia unas casas vecinas y una montañita muy cerca, a la que pienso ir a penas me reponga del viaje, del otro lado en la otra ventanita hay una vista que da a un valle, precioso pero aún cubierto por nieve, ¡ya he visto una granja muy particular por esta ventana, está perfectamente pintada la madera de rojo, con una montañita de paja bien organizada en forma de cilindro, muy ordenados en una esquina de la granja, ví también algunos hermosos pollos blancos que caminan desprevenidos, hay unos caballos que le hacen juego con en su color oscuro al techo, es como el del maple. ¡Una casa con su granjita, imagínate lo adinerados que son sus vecinos. Hasta ahora veo que las costumbres suizas son un poco más ligeras que en San Peter y quizás en toda Rusia, me siento bien, aunque todavía un poco cansada por el viaje.

Lo único Ivanova para decirte la verdad, es como una confesión pero muy, pero muy en silencio, es que ya a estas horas no he podido ubicar mi mente aquí, he pensado que en cualquier momento puedo irme en silencio y regresar a San Peter, ¿será a causa del viaje mi desestabilidad? ¿O será que uno se acostumbra tanto a estar muerto en vida que ya luego te tardas mucho para volver a recrearte, y por fin creer que algo bueno esta sucediendo? Esperemos que si. No me encuentro bien a pesar de la alegría.

Vuelvo a escribirte ahora si, todos los días.

 

Amorosamente,

Dankha

********

                 

                                                                                                        Génova 20 de marzo 1781
 
Esperadísima Dankuskha:
 
Ricardo y yo hemos ya dispuesto todo para que ansiada vista, ¡Ay dankuskha! ¡No lo puedo creer, vienen por fin a Italia, a mi casita! ¡Pero que maravilla! No paro de ir de aquí para alla, al esperarlos, Dankhuska, ya tenemos el vino, y ya vendrás en buena época porque ya el invierno esta pasando, aquí ya todos te esamos esperando, Maria y los gatos, no me imagino cuando ese caballero tan nordico, se entere de los descabellados nombres de nuestros gatos, “bésame” uno  y mi  “tebeso” el otro, ¿le hará gracia? Es que estos gatos Dankuskha como ya sabes tú, lo único que hacen es abrazarse tan románticamente que no se me cansan los ojos de verlos, ya la leña está cortada, el vino preparado, las tartas y toda la comida, todo esta preparado para tan ansiada visita, ¡Ay! Dankhuska no paro de contarle a María que va vienes en camino, y que vendrás por la tienda cualquier día. Ya iremos al puerto que es tan elegante, podremos caminar por el carrullo, muy cerca del mar e ir a tantos mercadillos que hay por aquí, podremos ver las estrellas que se ven con tanta claridad, y la luna tan diferente a San Peter, estoy tan feliz de que finalmente vas a degustar todos los platillos que cocina la gente por aquí, y que por su puesto yo he aprendido, como ya sé que el buen Mikalle te ha conseguido un excelentísimo profesor para que aprendas a tocar el violín, no te dejaré comprar el que está en la pequeña tienda que vi en el carrullo, pues solo por estar tan segura que ese violín no es para ti! Pronto lo olvidaras como cualquier otra cosa. Ya Ricardo lo espera con ansias ha dicho que desde ya será su buen amigo y confidente, dice que desde ya le tiene tanto cariño, y que lo llegara a recibir como un hermano, hay que alegría, no puedo imaginar la  cara de la vecina cuando te vea llegra de tan esplendida ciudad, no cabe duda que todos por aquí han de mirarte y saber de tan grata visita, ¿Estarás ya hoy de camino Dankhuska? ¡Ya mi corazón rebosa de alegría, al poder tenerte de compañía ¡que cielo tan grande Dankhuska! que ha permitido juntarnos ahora si de por vida.
Ansiosa y amorosamente,
 
Ivanuska.

*****

Sigo leyendo las cartas una tras otra, con sus sobres ya un poco marchitos por el tiempo, tienen ahora el típico olor de las cosas cuando el polvo las cubre y la madera les deja unos sublimes colores a causa del  de moho, mis cartas viejas de cierta vieja vida, había pedido a Laurence que del baúl ruso las sacara para recordar a Ivanova y poder comenzar a escribir un pequeño guion teatral que siempre quise escribir debido a las perfectas incongruencias de la historia de mi vida, tema del que siempre mantuve apartado a Heathcliff de su conocimiento. Él fiel a mi petición, buscó en el baúl todas las cartas que encontró, sé que no se tomó la molestia ni siquiera de abrir uno de los sobres, puesto que cuando se dedicaba a una tarea especifica siempre hacia lo mejor posible por concluirla exactamente de la misma manera que se lo habían pedido, pero muy en el fondo no se si por falta de curiosidad o mas bien a modo de no verse involucrado con cualquier incomoda información de mi pasado. Las ordenó una encima de la otra, creándose así un montóncito, bastante interesante diría yo, buscó una de las mesitas en la salita, y las coloco allí, muy cerca de la cama, para que yo las tuviera a mano en cuanto me dispusiera a comenzar mi tarea de lectura.

Ah!  Ahora sé que es una trágica idea, sin duda trágica. Leer las viejas cartas durante mi nueva congoja no hará mas que abrir la puerta a los fantasmas y dejar que deambulen por mi memoria a placer, pero apesar de eso siento la compañía de Ivanova en cada carta y a cada momento, sé que en cuanto me disponga a escribirle todo mi nuevo suceso me dejará saber su inteligente y acertado punto de vista.

Acaba de irse Monsieur Pascal, jurándome que todas mis más terribles preocupaciones por la misteriosa partida de Laurence, no son mas que fatalidades de un accidente que pudo haber ocurrido o un hecho miserable como un robo, me ha dicho que volverá con noticias o con él, esta seguro de que no puede irse y dejar su a “Otelo en el aire”. Pascal cree que mi alarma es mera ficción y delirio a causa de mi mordida en el pie. Más la verdad es que, siento que ese hilo que anuda un alma a la otra, se ha roto, cuando posees dentro de tu corazón una persona como esa, el complemento de tu ser, se siente que hay un especio que corresponde a la otra persona pero que habita dentro de tu ser, se puede decir que “las dos habitaciones dentro de un cuerpo (y solo existen dos) una la ocupas tú y la otra está vacía, hasta que se encuentra al ocupante perfecto e irrepetible para quien estaba hecha a la medida” “Cuando éste se va, el ruido del portazo es tal, que lo sabes con una exacta, pulcra y demoledora certeza”

<No volverá>.- con lucidez pulcra, dije para mis adentros.

–     Madame Dankha, excuse moi, -Abrió la puerta Berthe, la mucama de la casa.

–     He traído a la enfermera, la ha enviado Monsieur Pascal.

-Bon Jour Berthe, he dicho con automática respuesta.

La enfermera pidió a Berthe ayuda para levantarme y colocarme en la silla más próxima a la cama, la silla junto a la ventana colocada allí por Laurence para que en mi convalecencia pudiera distraerme mirándola. Mirando las hojas caer, los arboles moverse, las nubes cambiar de forma, -“Cualquier modo que la naturaleza escoja para recobrar a un “Hada”- Dijo él tras haber concebido esa idea y tomar la silla de buena gana- ¿Cuando te vas a recuperar?- me preguntó al abrazarme esa misma mañana. ¡Traidor lagarto! pienso hoy, como pensarías en dejarme aquí igual que esta silla, fría e inmóvil.

–     Recuéstese cómoda Madame, veré su tobillo -dijo la enfermera- mientras se disponía a hacerme la cura.

Obedezco a la enfermera en silencio, recuesto mi cabeza al espaldar de la silla y vuelvo y me pierdo mirando fijamente la ventana, pues se ha convertido un portal hacia este nuevo mundo, decido recrearme con algún recuerdo que me mantenga viva esta tarde, colocaré un nombre a cada recuerdo a modo de tener una amplia colección personal, así podre escogerlos con facilidad cuando se me antoje, podré maldecirlos a placer, podré repetirlos una y otra vez a modo de adicción , podre escudriñarlos por milímetros hasta encontrar nuevas respuestas y dar luz al tormento de su partida.

-¡ Ay! Exclame con dolor, y dirigí mi mirada hacia la enfermera.

Ésta me limpia la herida con la experiencia de un buen medico.- no dijo nada-

-¿Es que acaso  la enfermera no lo ve? ¿Cómo puede no notarlo? <Digo para mis adentros>. Juraría que en vez de sangre sale de mi tobillo cenizas.

Mi sangre es ahora ceniza, ya lo he dicho antes, no lo voy a repetir.

Vuelo a la contemplación en cierto modo sádicamente placentera y:

Recuerdo para este minuto: “Dos veces en una vida, dos veces en Marsella”

Cuando dejé Italia, ya mi vida había cambiado por completo, desde que salí de Suiza, el gran aprendizaje fuè “difícilmente se puede dejar todo y seguir a alguien, el precio es extremadamente alto” recuerdo las palabras de Renza, frescas en mi memoria hoy. “Nunca se dá el corazón a nadie” otro día dijo. “Quisiera amar a todos e a nessuno” en vista de mi partida, y evitando, supongo yo, el dolor que le causaba mi despedida.

Ya para mi nueva llegada a Marsella me había vuelto silenciosa, yo había cambiado para siempre, Makalle y Basel me habían quitado la inocencia y la juventud para ya nunca más recuperarla.

Monsieur Pascal, con quien me carteé durante muchos meses, a razón de la construcción de su teatro,  pensó en mi como un gran potencial de talento, me garantizó esta gran oportunidad, en la que me encuentre con fortuna hasta hoy en día.

Llegué al “Marsella Royal House Teather” una asociación de españoles, franceses e ingleses, bohemios todos, empeñados en el dinero, la buena vida, el arte, las buenas fiestas, los amores, la amistad y la navegación.

Desde entonces Pascal se ha convertido en mi tutor y fiel empleador, primeramente mi contrato mediante correspondencia previa, era de traductor de Obras en Escena.

A mi llegada al teatro y al ver mi rostro por primera, tan sorprendido, dijo:

–     Madame: No hay poema que opaque su belleza, ya hablaremos de qué papel hará usted para este noble teatro en lo sucesivo, y palmeando mi mano, dijo:

–     Vamos conocerá el teatro y su estancia. ¡Welcome! Madame, finalmente una flor de Rusia toca el corazón de este humilde, noble y viejo solitario poeta!

Así partimos desde la puerta del teatro hasta la casa contigua que dá alojo a algunos familiares de mi nuevo mentor y protector.

En un espacio tan enorme, pude leer solo algunos pocos nombres de las separadísimas estancias que allí estaban, he de decir que la decoración era todo un deleite para mis ojos. El piso y las paredes están cubiertas de un tapiz de terciopelo color rojo oscuro, mas bien como las alfombras de los teatros, cada ciertos metros los candelabros dorados con tapas de vidrio y sus velas recién puestas dejan ver el cuidado y la afección que tienen aquí por la claridad, colgados también con alguna distancia, se encuentran pinturas de rostros hermosos, caballeros, damas, todos son rostros hermosos, un cuadro para cada rostro.

Leí en la primera puerta terminado la escalera:

<Pascal Fernández Duprés>- y escrito en letras más pequeñas, justo debajo del nombre <Director>, seguimos caminado, hasta la próxima estancia mucho mas lejos, pude leer:

<Laurance H. Earnshaw> <Actor>

Seguimos así hasta llegar a nuestro destino, hermosa estancia en el cual abandonamos mi equipaje, eché una mirada antes de volver a salir, era mi estancia tan hermosa, hacia la entrada, dos salitas de cada lado, perfectamente decoradas en color marfil y dorado, no hay muchos contrastes, es muy iluminada, una puerta al fondo en un pasillo entre las dos salas que conduce a la estancia principal, una cama hermosa un armario enorme, dos mesitas, una ventana, sillas y mesita de té, peinadora de madera, espejo, todo impecable, candelabros dorados en cada pared. Sumamente acogedora.

Al cerrar Monsieur Pascal y yo nos fuimos a recorrer el teatro.

Hablando animadamente transcurrió el tiempo, hasta llegar a la puerta principal del teatro, Ms. Pascal se encontro enseguida, rodeado por actrices, carpinteros, actores, bailarines, llenándolo de un sinfín de preguntas, ante todo me presentó, y me vi envuelta en aquella tertulia, como comencé luego a mirar a todos lados con ánimo, Ms. Pascal, hizo un gesto con su mano, de buena gana, cosa que entendí como que “Ve anda, conoce tu misma el teatro”, me escabullí hacia cada salón, hasta llegar a uno, allí fue que lo vi y “lo encontré por segunda vez en Marsella”.

Ms. Pascal  miró cosas en mí que, solo hasta hoy yo he entendido, las guardo como mi tesoro personal mas preciado, y soy yo misma. Con el tiempo me dio un trabajo que solo poquísimas mujeres en Rusia, Italia o Suiza desarrollan, ahora soy –Quien lleva los guiones del teatro, soy la otra parte que maneja el “Marsella Royal House Teather” he tenido que lidiar con tormentas y tornados, olas enormes y vientos tan fuertes como para romper todas las velas de un barco, cualquiera que quiso hundir este monstruo artístico tuvo que pasar por mis manos” “Mis manos han timoneado contra Poseidón en el “Marsella Royal House Teather” ha sido un trabajo de hombre. ¡Que le vamos a hacer!

marzo 30, 2012

Capitulo IV Juene

por thesecretwriteraboutyou

Dankha`s Room

Capitulo IV

-!Toc! Toc! Toc!.. Mademe Dankha, !Toc, Toc, Toc ! Madame Dankha! Are you here?, ¿Monsieur Laurence are you here?

Al escuchar esa “palabra” desperté de mi letargo como si hubiera escuchado el sonido de un látigo ondeando el aire y vertiéndolo dentro de mi pecho, sabía que no tardaría álguien en venir pero no imaginé que me encontrarían tan desprevenida. En un segúndo miré a mí alrededor, todavía sin contestar, miré las velas que había encendido hacía ya un rato y estaban ya muy consumidas, entónces me percaté que había dormido la noche entera.

-¡Oh oui Monsieur! ¿Qui est ce?

-C` est moi, Monsieur Pascal.

-Yes Ms. Pascal, we are here, . ¡Si estamos aquí!-qué estoy diciendo- ¡pero qué estoy diciendo!, -susurré para mis adentros.

Me dirigí con esfuerzo desde la cama hasta su punta para encontrar  una silla, solté la almohada, me ví a mi mísma recogiéndome la bata frente al espejo, me recogí el pelo con el un adorno que había en la mesita, Seguí caminando apoyada con mi pie sano, y me acerqué hasta el espejo, no contaré lo que ví en mi cara. Así dejé la estancia, pasé por el pasillo, continúe cojeando hasta la otra parte de la casa,  tardé lo suficiente pero yo mísma no esperaba esa agilidad oportuna, finalmente me acerqué hasta el pórtico para darle entrada al visitante.

–     ¡Bon Jour!  Dankha, Cheri y beso mi mano sutilmente.

–     Bon Jour Monseiur.

–     Espero no importunarlos esta mañana tan temprano, mas no quisiera yo perturbarlos.

Me reí para mis adentros y le dije:

–     No se preocupe Ms. Pascal no hay nada que pueda perturbar, los hechos fantasmagóricos ya han acontecido en silencio y sin dejar huella algúna.

–     ¿De qué me hablas Dankha?- Y dijo más bien de buena gana-¿Estas recitando algún poema americano? ¿algún verso que desconozco?

–      No Monsieur, sólo le estoy adelantando algúnas respuestas que considero oportunas…

–     ¡Que lucidez perfecta Madame! bromeas a veces de una forma tan espeluznante petitte!

Al instante miró mi tobillo el protagonista estelar de estos días,  – Véo que se te deshace el vendaje, cherie, ¿no ha retornado aún la enfermera?

–     No. –contesté, señalándole con la mano que siguiera hasta la pequeña salita y que tomara asiento para que se diera nuestro encuentro.

–     ¡No me digas! ¡ya la llamaré yo! ¡pero que falta de atención es ésa!,- replicó.

No dije nada, solo volví a mirar mi vendaje que éstaba aún más desgastado que ayer.

El prosiguió con apuro un poco exaltando – ¡Vaya que momento tan nefasto mon petitte! –exhaló y suplicante continúo:

–     ¿Cómo es  qué te ha mordido la desdichada Jeune, Dankha? Ya me han contado de los horrendos crímenes de ese día, más yo no me lo podía creer, – en un tono tan dramático dijo: ¡Cómo ha pasado ésto! ¡Mon Dieu! a mala hora decidí pasar la semana entera fuera de Marsella! ¡Los negocios, siempre los negocios!

A modo de tranquilizarle le dije:

–     No se preocupe Ms. Pascal, aquí la menos afectada fui yo, de verdad que lamento mucho todo lo acontecido, pero descubrimos que fué un dia nefasto para todos, creo que más bien ese día todos fuimos testigos de un hecho casi sobrenatural. Nunca pensamos que algo así sucedería…

–     ¿Por qué lo dices petitte ? ¡Mejor calma mi íntriga Cheri!, quiero escuchar de tus propios labios todo lo acontecido en ese fatídico día, donde una perla salió mal  herida y la otra se ha perdido en vida.

Exhalé entrecerrando mis ojos, lentamente como pude, organicé tramo a tramo mis pensamientos, traje a mi memoria el triste episodio de tres días atrás, se me víno el recuerdo fresco y se empezó a armar el rompecabezas en mi memoria, tragué saliva para comenzar a hablar. Aparté los ojos de mi visita y miré la ventana en la salita donde las nubes se reflejaban, parecía una bonita mañana y él no estaba.

–     Esa mañana Ms. Pascal,- comencé mi relato- Había amanecido el día gris, habían muchas nubes a lo lejos  que presagiaban agua, Laurence H. y yo salimos a pesar del tiempo, él quería buscar unos libros de mitologia griega pues habiamos pasado dias hablando de algunos de los Dioses griegos, íbamos cerca, a la librería en la próxima callecita, como las cortinas estaban entrecerradas no se veía la lluvia tan próxima. Me dijó que volveríamos en unos minutos y que me leería unos versos a modo de aprendérselos de memoria estaba fascina con Hades. Bajámos como de costumbre, pasámos el largo pasillo que úne ésta casa con el teatro, bajámos los largos escalónes y caminámos hasta llegar a la puerta principal del teatro, seguímos, dejándolo a nuestras espaldas y encarando ya la esquina final, fue cuando Laurence se dió cuenta de que estaba Jeune con sus perritos en una caja que álguien había improvisado àsa mañana, pues habían ya nacido los perritos, la vímos desprovista de techo para la lluvia, como Jeune estaba casi escondida en la parte de atrás del teatro, nosotros no nos habíamos dado cuenta antes, Laurence se paró a medio camino, me tomó de la mano y me dijo:

–     Dankha, Jeune y sus crías han de mojarse, ya viene la lluvia y no sería bueno que se mojen.

Volteé para mirar a qué se refería y me dí cuenta, de que Jeune cerca de la caja iba y venía como con desespero, supongo que también le preocupaba la lluvia.

–     ¿Quieres ir a hacerle un techo?- le pregunté.

Exhaló y asentó con la cabeza con rasgo de preocupación.

Dejámos el camino a la librería y nos dispusimos a entrar al teatro, entramos, pasamos la puerta principal, seguimos por el pasillo, seguimos por la puerta privada que conduce al fondo y abrimos la puerta que dá a los salones. Abrimos la puerta de la carpintería; yo me senté en la silla pequeñita blanca de Marcel; Laurence H. siguió a la estantería, abrió las puertecitas, tomó el martillo, unos clavos, dos cuchillos, unas cuerdas y cerró. Miró a los lados a modo de buscar más materiales para su nueva misión, encontró el baúl que dice rotulado: “Cortinas Negras”.

Dirigió su mirada a mí y con una media sonrisa y abriendo los ojos con sorpresa me dijo: – ¡Éso ya no se usa!- le sonreí de vuelta. Abrió el baúl sacó las cortinas, sacudió el polvo, estiró, midió, y al final se decidió y rasgó la tela con uno de los cuchillos. Cerró el baúl y volvió a decir: – Un pedacito mínimo no le hará falta a nadie-. Enrolló la tela a modo de cojín, tomó dos pedazos de madera apostados al lado de la escalera, envolvió todo allí y metió uno de los cuchillos en su bolsillo, y dijo:

– Nos vamos.

Salimos de la misma manera en la que entramos, pero ésta vez ya estaba un poco concurrida la sala de la entrada del teatro todos entraron por la puerta principal para guarecerse de las gotas que ya empezaban a caer. Laurence vió a Lio y le dijo que le acompañara a una obra de caridad inesperada,  Louis lo miró como extrañado, mirò el pedazo de tela envuelta que tenía el en sus manos, arrugó los labios a modo de adivinanza y le dijo:

-¿Se van a guarecer de la lluvia con eso?

Laurence y yo nos miramos, lo  miramos a él y respondimos los dos al mismo tiempo: -Jeune-

Louis asintió entendiendo todo en el momento, levantó la mano a modo de llamado a sus demás amigos que en seguida voltearon  a verle, así se fueron Pierre, Marcel, Dan, Thomas, Mike, Lio y Laurent arreglarle la vida a Jeune.

–     Todo fué mi culpa, yo sòlo debí esperarlos – continúe, devolviéndole la mirada a mi visita.

–     No te culpes Cheri, pocas son las veces que tú no das sorpresas, él seguramente ya te esperaba.

Laurence H, me tomò de la mano y me apartó de la reunión  de los “nuevos obreros”, me mostró una silla cortésmente con la palma de su mano, la movió un poco cerca de la puerta principal.

–     Siéntate, -me pidió-  se agachó para hablarme y mirándome a los ojos dijo:

– Creo que ya no puedes venir, mira la lluvia, ha empezado a llover mas fuerte, yo no quiero que te enefermes, y solo me llevara unos minutos ponerle un pequeño techo a Jeune, ya tengo los cortes en mi memoria de la madera que voy a utilizar, ya he enfocado en mi mente donde los voy a martillar. La pondremos debajo, y volveré por contigo.

Me quedé mirándolo, miré luego la puerta y en efecto ya llovía mucho más, – támpoco quiero que te mojes pero se estan mojando Jeune y los cachorritos, finalmente -asenté con la cabeza y le dije:

-!Anda amor mio! le toqué una de sus mejillas, lo besé y se fueron todos.

Había pasado no se cuanto tiempo, cuando me di cuenta de que ellos no llegaban y que la lluvia se había convertido en un fuerte aguacero, me dije para mis adentros: < ya el techito no va a servir, llueve muy fuerte tienen que traer a todos los perros adentro>.

Me levanté de la silla, tomé un magazine de la puerta del teatro, me lo puse en la cabeza a modo de protección y me fuí a buscarlos con la idea de que todos pudiéramos traerlos a todos adentro. Salí y pronto llegué a la parte de atrás del teatro, ellos estaban en su faena de colgar todavía un techo, ¡claro que no servía! La lluvia había mojado la tela muchísimo, me acerqué al alboroto y Laurence arqueo una ceja y me dijo:

–     ¿Qué te pedi? !Quédate adentro Dankha!

–     Se están mojando los perritos, le contesté.

Extendió su mano y me acercó por el brazo hasta donde estaba él, me acomodó el magazine en mi cabeza, y escuché un apenas audible:

– ¡Mais oui! .. pero ya te estas mojando tu como un pavo.

Enseguida le dije alarmada:

– Vamos a llevárnoslo adentro, – y le señalé a los pequeños en la caja.

Lio se acercó mientras goteaba sobre rostro la lluvia, había escuchado todo y dijo:

– No creo que sea buena idea la de tocarle los perros a Jeune, ya sabes como es de fiera.

Y el resto de los “nuevos obreros” asintieron como en un coro. Pero Jeune se veía muy ansiosa estaba preocupada por los perritos, se movía de un lado a otro.

Hablé a todos, tratando de que escapáramos rápido del aguacero :

–    ! Allors!  Voy  hacerlo yo, Juene es diferente conmigo, ya nos conocemos demasiado, sacaré al primer perro, Jeune me verá y se dará cuenta de que todos vamos adentro por el aguacero y vendrá conmigo, ustedes traerán al resto de los perros, y fin del plan. ¿d´ accord?

Todos asintieron bastante convencidos y muy optimistas con la idea de sacar sus frías narices de la lluvia.  Preparándose todos cerca de los perritos, Jeune se sentó al lado de la caja de los cachorritos como si hubiera entendido lo que yo había dicho, se veía como expectante mientras las gotas de lluvia le corrían por sus orejas. Laurence se me quedó viendo y me mostro sus manos en señal de que todo estaba decidido, pero en un instante cambió, dudó y dijo:

-¿Estas segura cheri?

Yo solo le dije:

– No hay más remedio-.

Coloqué el magazine en el piso, me agaché cerca de la caja lentamente esperando alguna reacción de Jeune, nada, ella seguía sentada sobre sus dos patas,

-muy bien, muy bien- susurré.

Estiré la mano a razón de tomar el primer cachorro para dar marcha a nuestro plan, cuando apenas había tocado el suave pobrecillo, Jeune me enseñò los dientes y me dejò escuchar sus ladridos, me le quedè viendo y retiré la mano a modo de que se tranquilizara, Laurence H. se agachó también y se colocó a mi lado pero codeando la pared. Más confiada volví a estirar la mano, esta vez tomando sí al perrito por el cuello, cuando me deponía a recoger el brazo, Jeune dió una zancada y con un ladrido pude sentir el vaho en mi mano, por la sorpresa me resbalé y  quede sentada en un húmedo charco, antes de que Jeune se me abalanzara encima Laurence me arrastró por el piso hasta sacarme de la escena dejándome fuera de las fosas de Jeune, aquella ya estaba furiosa, seguía ladrando y enseñando los colmillos, cuando reaccioné pude mover las piernas a modo de empujarme aún más hacia atrás, pues eso no le gusto a Juene quien apresò unos de mis tobillos con un fuerte mordisco, cerrò su hocico y movió su cabeza en señal de que había ganado.

Laurence empujó a Jeune para que me soltara, mi alarido se escucho aun más  fuerte ¡Ay! ¡ Mamuska!…No!, Jeune no!, ya no había nada que hacer Juene ya estaba dispuesta defenderse con la presa en sus garras, como yo sostenía ya al perrito, con mi otra mano libre me apoye para levantarme y en eso vi los ojos de Jeune a dos milímetros de mi cara enseñándome los dientes por segunda vez, cuando tomé el impulso para levantarme Jeune abrió el hocico  y sólo me quedó colocar mi mano a modo de protección en mi rostro y me aparte  lo mas que pude, pero no conseguí levantarme,  cuando ya casi sentía el mordisco en mi cabeza, Laurence saco  el cuchillo y se lo clavo a Juene en la garganta, dejándola ya sin respirar.  En breve Juene cayó en el suelo.

Me costó reaccionar ante el último aullido de ella , los gritos de los mozos, la lluvia, el alarido opaco de Laurence y el dolor en el pie, supongo que fué por lo rápido que se había presentado la escena.

Al siguiente momento todos se quedaron en silencio sumamente impactados, a Laurence le corría el agua por su cabello largo, tenia ojos tan diferentes que no se los pude descifrar, creo que era dolor con rabia y humillación, todavía tenia el cuchillo en la mano, cuando Lio salió de su punto de espanto, se me acercó  y me arrastro aún más lejos de aquello, tomó el perrito que tenía entre mi brazo y con la otra mano libre trato de cargarme para levantarme, a lo que Laurence poseído por no sé que espíritu le grito:

–     ¿Qué haces? ¿A dónde te la llevas? ¡Ni muerto la saca álguien de aquí que no sea yo, oíste!– su pose era como si otra persona hubiera estado dentro de él, tenia los ojos en llamas, profundos como si hubiera pasado por un túnel del tiempo y encarnado otro escenario en otra vida, era como si no estuviera allí con nosotros, como si fuera otro, y dijo:

–     ¿Contéstame, Linton es que crees que te la vas a volver a llevar? ¡ Damn you all ! this not gonna happen to me twice, no way! y lentamente con desprecio, dijo: ¡Remove- your- hand -away- from -her!

Lio, asombrado y paralizado con ojos alarmantes y bien molesto, dijo:

–     ¡ Mais Laurence tu ne peux pas fais tous Monsieur!¿ ¡Por Dios qué te pasa!, ¡Tíra de la caja de los perros y vámonos!

El Laurence en trance se acercó a nosotros como a modo de amenaza para Lio, todavía con el cuchillo en mano y los ojos delirantes, pero éste lo conocía muy bien y quitó su vista de él y dijo: ¡Pierre! ¡Marcel! ¡Vous prenez touts les chiens avec vous! ¡Aller!, y siguió diciendo ahora a mí:

-Ho!  Dankha! ¡Quel malhuer! ¡Quel horreur! ¡Dankha!

¡Dankha! -dijo, a modo de susurro, salió de su estupor y soltó el cuchillo. Enarcó una ceja, volvió la mirada hacia mí, hacia mi pelo rojo oscuro, hacia  a mis ojos expectantes, hacia mis labios pálidos por el susto y miró mi ropa mojada y mi vestido enlodado, volvió en si, -supongo-, pestañeo y con esfuerzo como despertando de su posesión, dijo:

– ¿Dankha, my love are you hurt?, !Lord take my soul away!,!Ce n` esta pas posible mon Dieu, merde!

Corrió a liberarme del brazo de Lio, y èste a su vez lo miró retándole diciendo:

-¡Ne parles pas comme ça, ce n est ´pas gentil.

El no dijo nada, me levantó del suelo, pasé mi brazo por encima de su hombro, apoyé mi frente sobre su cuello y así me sostuve de él, dejándome llevar, luego susurré:- traigan a los perritos-

…Cuando abrí los ojos ya estaba la enfermera a mi lado, Dan la ayudaba con premura y Laurence me tomaba de la mano…en unas pocas horas la lluvia arreció y la estancia se oscureció como si el negro cielo fuera a meterse por la ventana…lloviò toda esa tarde y fue oscura y sombria…

–     ¿Pero dónde está ese desdichado?- interrumpió mi invitado-

– !Laurence pupilo mio! !Angel mio! que infortunio el de  Jeune! !Laurence ven aqui!…

–      ¡Llámalo! -me pidió-Debe estar todavía inconsolable! ¿pero dónde está que no ha salido a recibirme?

***

marzo 29, 2012

Capitulo III Laurence

por thesecretwriteraboutyou

Puerto de Marsella

                                                                                        Capitulo III

He dormido álgo, lo sé porqué ha salido el sol y puedo verlo desde la ventana, es un día más bien poco soleado pero no puedo digerírlo, mis gélidos párpados ya no entienden de sol ni de calor, no puedo sentir nada, no estoy corpórea, me siento etérea. ¿Esto ésta pasando en realidad? fué lo primero que pensé en el segúndo en que abrí los ojos, me he podido mover unos centímetros para alcanzar su almohada, tacarla y apretarla a modo de tapar el hueco que siento con álgo súyo, el dolor en mi pecho no me deja respirar, no puedo hacer simples movimientos con precisión, mi cordura se ha esfumado, ¿podría la vida ser mas dolorosa?. Con gran esfuerzo después de decidirme a vivir por hoy, sólo he podido levantarme y arrástrame hasta la silla ésta mañana, estoy sentada en la ventana con la bata de enfermedad blanca, en el sillón de color salmón mis manos están extendidas sobre los posaderos de madera, tráspaso la ventana con mis ojos, pero mi mente está más allá, bordeando descalza el camino por el cual camina Heathcliff y no puedo hallarle.

Estoy a punto de pensar que nunca túve que venir a Francia, ¿porqué túve que encontrarle aquí?, ¿dos veces en una misma vida?, ¿Quién se encuentra dos veces en Marsella? ¿en el mismo punto en La Canebière?,

La primera vez fué un viernes, muy temprano en la mañana, yo salía a buscar algúnas frutas al despuntar el primer rayo de sol, pués, es la única manera en que en el mercadillo mas antíguo de Francia  se encuentren las más deliciosas  y bellas frutas, el pescado más fresco, y el pan nuevo, nuevo. Había caminado ya unas cuantas callecitas, ya estaba el cielo dando todos los colores. Me adentré en el mercadillo tan rápido y me perdí en las caras de los vendedores. Me detuve allí, en el puestito violeta. Cuando me dispuse a buscar dentro de los cestos las manzanas, ví en el muelle del Vieux-Port que había llegado un barco con marineros de álguna parte, lo estaban ánclando al viejo muelle, yo pensé para mis adentros: <vaya que llegó la fiesta del oro>, Me fijé que uno de los marineros átaba todavía  los cabos que habían tirado desde el barco, con qué astucia se desenvolvía,<buen marinero seguro>- pensè, las gaviotas con sus escandalosos quejídos parece que le daban la bienvenida.

–     Aller! Mademoisuelle, – me dijo el marchante, entregándome la bolsa para meter las manzanas ya dispuestas a venderse.

–     Mais, oui, excuse moi,! , merci monsieur,- tomé solo algunas, las más rojas, cerré la bolsa, dí un franco y así me despedí de ese puestecito.

Saqué la primera manzana de la bolsa y la probé, <!que sabor!>-dije para mis adentros-, mientras veía como salían los marineros del “Olympus of the Sea”,-Liverpool-, nombre que leían mis ojos en letras doradas de buen tamaño, grabadas en la madera del recién llegado barco.

Camínaba en dirección al muelle, y fuí observando cómo poco a poco, salían los caballeros del  barco, ¡Vaya! Que no tenían uniforme de marineros, me pregunté si serían presos o delincuentes, me reí  y pensé para mis adentros: < Aquí no entran tan fácil a menos que vengan a fusilarlos>. Seguí caminnado sin  apartar la vista de las gaviotas, del mar que estaba a ésa hora más bien azul con chispas plateadas, degusté el delicioso ároma del mar tan salado y dulce como un higo, miré el cielo y las nubes perfectas formaban figuras de terciopelo, me fui aparatando así, del mercadillo, de la gente que cómpraba, de las frutas que relucían desbordadas sobre sus pequeñas canastas, del pescado expuesto a la vista del más custodio público, de los aceites que se vendían con tanta premura, de las galletas que rechinaban envueltas en sus papelitos rojos, del olor a café que venía del puesto de Jean Cloud, que hacía el ambiente típico de una mañana en el mercado, particularmente a esa hora sonaba un violín a lo lejos a modo de ambiente, traté de grabar esa melodía en mi memoria con el nombre de “Vieux-Port song” allí quedaron las palomas en el suelo picando los pocos desechos del pan, las señoras ya preparadas para conseguir las más sonoras ofertas, ya no me envolvía todo aquello, quería seguir mirando el barco y su ajetreada llegada , seguí caminando hasta acercarme a la baranda que separa el muelle de la callecita, entonces allí, en ese preciso instante, fué que lo ví.

Bajába de la rampa de madera que comunicaba el muelle con el barco, se distinguía del resto como una persona en particular, alta, más bien como bronceada, con pelo negro largo, lo ví  fornido, vestido con pantalón gris oscuro, una camisa entre abierta blanca que déjaba ver su pecho bien formado, brillante, podía decir que se veía muy joven más tenía un semblante de haber vivido cien años, llevaba al hombro su saco negro, aquél que ya sé donde está y qué significa para mí.

En las manos llévaba papeles, parecía tranquilo a pesar de verse sumamente perdido, ¡parecía que lo hubieran sacado de un hábitad en  particular!

–     Eh! Aller! Aller! Mon Dieu! Voila Le France!  – le dijo un marinero, dando palmadas a su hombro, venía vestido similar a él pero con mejor acomodo, tenía una sombrerillo blanco que hacía juego con su fresca camisa blanca, qué guapo era, muy rúbio y con una sonrisa hermosa. Heathcliff lo miró, casi sin ganas, sin expresión de alegría o curiosidad algúna, daba la impresión de haber perdido una batalla donde nadie podía devolverle el botín. Y le dijo entonces en ingles:

-¡ What the hell are you saying to me!, ¿cant´ you see?, !I didn’t sleep in days..! I can’t even remember my own name or say it!-

El mozo pareció haberle entendido en su malestar y cansancio, parece que hubiera surgido una compasión de amigos o  quizás  de una sociedad en una charla previa durante el viaje, acercándose aún más a él sin dejar de tocar su hombro, le dijo:

–     Verás Heathcliff, has de cambiarte el nombre, o por lo menos ubicar uno un poco más parecido al francés, así se hará mas fácil tu estadía y allá en el astillero necesitaras uno, la construcción de los barcos la hacemos entre Ingleses y Franceses y eso es complicado, ya sabrás de qué hablo.

-¡Váya que has tenido suerte la verdad! – volvió a decirle con ánimo- ¡Mírate!, ¡dilo por tí mismo! ¡El último recluta de la marina Inglesa que viaja desde Liverpool hasta Marsella!, ¡sólo por haber podído cargar en el barco las pesadas municiones él solo! ¡Váya que eres fuerte Heathcliff! ¡Ésta noche lo celebraremos en la taberna!

Heathcliff támpoco ésta vez expresó nada en su mirada, no contesto ni una sola palabra, solo observó con frialdad el resto de los marineros que caminaban hacia el final del muelle justo donde comienza la callecita del mercado y donde yo estaba parada todavía con una manzana y unos gatos ronroneándome bajo el véstido.

-¡Laurence! , ¡Laurence! – vuélve no te váyas tan léjos, si vas a alimentar a las gaviotas hazlo desde aquí donde yo te pueda ver- Dijo, una señorita a su nenito que se distraía con las gaviotas, el alboroto del barco, los marineros y la colorida y ruidosa callecita.

Volteó la mirada hasta ella, enarcó una ceja, miró al nenito en el suelo con désgana, miró las migas de pan atiborradas en el suelo, se quedó fijo allí, estaba deliberando. En minutos volvió a mirar a su amigo el otro marinero, respiró aire hasta llenar sus pulmones, exhaló y mostró un poco la palma de su mano diciendo:

-Muy bien, llámame ahora  Laurence Heathcliff, o sólo Laurence H.- y levantó su dedo para apuntarle y comenzó de nuevo – ¡Llámame también vino, nunca he de haber tomado tanto vino!,-

El otro se rió, y levantó su mano en señal de haber acertado.

El nuevo Laurence esperó hasta que el otro marinero cogiera su saco y sus cuerdas, sacudieron sus botas de las gotas de agua y de las algas que se habían desprendido de un cabo del barco, dispusieron la marcha justo hacia mi dirección, caminaron con cansancio, observando todo a su alrededor, señalaron algúnos diferentes puntos en la lejanía a medída de pregunta y respuesta, hablaron entre sí hasta llegar a la baranda de la puerta del muelle.

Allí estaba yo, mordiendo y masticando una manzana sin expresión algúna, complacida con la vista de la mañana. Pasó a dos centímetros de mí, así pude mirar sus inexpresivos y hermosos ojos, un par de palmeras azules, <que magnífico galán sombrío>, -pensé para mis adentros-. Al pasar por mi lado aún mas cerca, nos miramos de reojo los dos, yo miré poco por miedo a que descubriera que había presenciado completamente  la escena anterior, él seguramente lo hizo por no comprender con claridad si quien lo miraba era una esfinge o un fastasma.  Volvió la cabeza y dirigió su media mirada por segúnda vez hacia mí, volví la mía justo después de la de él. Se miraron así dos almas perdidas en la misma dirección.

Percibí su aroma y lo respiré por unos segúndos más, cerré los ojos y sentí como en mi pecho se abría un corte que sentí  llagar hasta a mis pupílas, exhalé dos veces y me sóstuve de la baranda con fuerza. Ya he dicho antes que él olía a la bruma del mar. No es cuestión de sorpresa.

Esa misma tarde ya partí a San Petersburgo, a mi tierra natal Rusia, habia pasado una semana inolvidable, conocí el famoso teatro pero no pude por cosas del destino a entrevistarme con el dueño asi volví a la casa de la tórtura, a los recuerdos de Mamsuka, al asfixiante veneno, al estado de nervios en vílo, a la désdicha desmedida de una juventúd casi perdída, llevába de Marsella la sapiencia de que siempre hay un sitio mejor, un pueblo mejor, un corazón mejor, como por ejemplo el de Jean Claude, quien fue mi amigo desde la primera vez que fuí al mercadillo, y a cambio de poesías rusas me regaló caramelos.

“Au Revoir ¡ Jean Claude!”

“Good bye sailor, I really didn’t expecting you. I carry you now like the hole in my chest, I wish you just luck”- <díje para mis adentros>.

****

“Dhanka, mon cher, no sé nada de tí, sé que estás arriba y no te he visto bajar, ya hoy es mi último día aquí en la taberna del teatro, en dos días abro mi joya preciada, ya tú sabes “Le Arrete avec Lio” no va a ser fácil volver a vernos tan seguido, no es tan cercana distancia y sé que los horarios del teatro no te permitirán ser mi huésped a menudo, ¿podríamos conversar?, no te he visto desde la mordida del perro, te he estado buscando, tengo vino, acompáñame, en las penas de la despedida sólo me dijo tres cosas:  la primera: Debo ya mismo enfrentar mi vida y enfrentar a mi alma, la segúnda: no es traidor el sendero bien conocido, es más bien una ventaja conocer las rocas una a una , la tercera: es el esperar un delirio y el acometido un alivio.
Déjame saber si te busco para que puedas bajar con facilidad.
¿Te espero Dankhuska?
También me siento como tú,
Lio.

Me he levantado con mas esfuerzo aún de la silla donde estoy desde ésta mañana, ¿Qué hora es? Hace rato  que hay luna, está reflejada en la ventana en vez del sol, todo esta oscuro, debo encender algúnas velas.

He escuchado levemente a lo lejos dentro de mi meditación y delírio que álguien tocó mi puerta, supongo que al no responder a su llamado ha dejado la nota debajo de la puerta, seguramente no pestañeé ni siquiera al saber que llámaban, pues sé que no es Laurence H., ya no lo siento aquí. ¿Qué otra cosa  podría levantarme?

Lio finalmente se vá, ha sido como mi hermano aquí en Marsella, es el único a quien le dejo llamarme Dankhuska aquí, apenas he pasado mis ojos por su nota, la he dejado en la mesita, no sé que poeta de turno habrá citado para su despedida, pero me parece un pensamiento muy acertado para mi no corazón y para mi nueva desolación. Si de verdad supiera qué me ocurre no diría “también me siento como tú”…

En tantas oportunidades ha hecho papeles muy pequeños para Pascal, pero parece que se le hace más fácil servir y lidiar con los embriagados actores, poetas, letrados, damiselas desesperadas, cuentístas de toda índole, payasos y demás personajes bohemios. ¡Piensará que mi aflicción solo puede venir a causa de que ya no pueda verle abajo en la taberna del teatro!  si, claro, seguramente….

Ah! ¿Si tanto nos quiere como puede cambiarse de una taberna a la suya propia fuera del teatro?¿En qué demonios piensa?, yo nada mas concluyo que es tarde para que diga eso, se suma otra miseria que en otra ocasión podría haber sido tristisima, ya hoy no lo es…

Él no sabe nada, nadie sabe lo que en realidad esta pasando, un pequeño  mundo se víno abajo, nadie se ha dado cuenta de que Heathcliff, no está, se ha ído, sé que han pasado solo pocas horas, pero para mi cada minuto se ha vuelto una recurrente tortura, ¿cómo el dolor físico se apodera de un alma y la deja en este estado?. Siento tanto que ya no siento nada. Quiero y no quiero ver a Lio, no puedo pronunciar palabras elocuentes ya hoy, no puedo despedirme, hoy menos que ningún otro día. ¡Au revoir! Lio que mal día has escogido tú también para despedirte. Sé que mañana vendrá a buscarlo Monsieur Pascal, ya parecerá raro que nínguno de los dos nos hemos dejado ver, Necesitará que él comience sus ensayos de Otelo, vendrá seguro a buscarlo y no lo encontrará, tendré que hablar… que esfuerzo tan agonizante… oír mi propia voz vacía sin el…

Volveré a recostarme en la almohada de L.H, quiero arrastrarme hasta la cama, el vendaje de mi tobillo se ésta deshaciendo más y més, ¿Cómo podré ahora, así?  La verdad ya no me duele la herida en el pie, ¿será que ya no noto ese dolor menos intenso? La última vez que pude sentir el pinchazo agúdo en mi herida del tobillo, fué sólo hace unas cuantas horas, cuando “Hades” a modo de que yo no hiciera ni el mínimo esfuerzo para sostenerme con ese pie, se apoyó de la pared apoyándome de espaldas contra él, sintiendo su corazón latir, para susurrarme al oído las últimas palabras que escucharía de su dulce voz…

*****

También he recordado que hoy es domingo.

marzo 28, 2012

Capitulo II Hades

por thesecretwriteraboutyou
Hades by Ralph Fiennes

Hades by Ralph Fiennes

Capitulo II

A medída que crecímos Ivanova y yo nos volvímos solitarias, era como si  el tiempo nos hubiera vuelto a la hechicería o a los rituales de la antígua Grecia o a los cultos del lejano Egipto. No nos igualábamos con los otros jóvenes de la comarca, nosotras en nuestra soledad, colgamos algunos cuadros del divino Aquiles, aquel que derribó a Héctor sin ningún atisbo de piedad. Conseguimos en un mercadillo, algunas otras litografías de El Rey Tut de Egipto, Nefertitis, Adán y Eva, túneles venecianos, castillos de cuentos, nos llenamos de la música de algunos monjes católicos gregorianos, y algunos maestros que hacían su fama para la época y así, nos convertimos en unas viudas jóvenes sin ningún afortunado marido muerto.

A pesar del claustro impuesto por aquellos que habitaban en aquella casa, Ivanova y yo íbamos a la escuela, dos escuelas diferentes para cada una. Ivanova y yo hacíamos un gran esfuerzo ante los demás para ocultar nuestra torturada vida, pasábamos días sin comer, sin llevar una vida normal como aquella la de Amanda por ejemplo, Amanda vivía en una casa muy cerca, tenía ella ojos verdes y pelo rubio, reía todo el tiempo y tenía las mejillas rosadas de día y de noche, se podía decir que de tanto comer, a veces pensé que Amanda quería ser nuestra amiga, puesto que nos saludaba con timidez; En fín, nadie podía leer la desdicha que Ivanova y yo presentábamos en los ojos cuando crecimos, a pesar de algúnos persistentes, agudos e histéricos gritos, jarrones rotos, y charcos de agua que corrieran hacia la calle, nadie salía para prestar algún socorro, parece que el mundo ve solo lo que quiere ver, escucha lo que quiere escuchar; La gente se miente a sí misma, miente a los demás, o solo desempeñan un papel o una pésima actuación de lo que se puede llamar “la vida del prójimo tan ajeno a mi”.

Asi que Ivanova o mejor dicho mi viudita Ivanova y yo, escondimos el secreto de los torturadores, nos lo escondimos a nosotras mismas como buenas cristianas hasta  vernos como almas en penitencia.

Llevamos el recuerdo de Mamuska a doquier, ella estaba en nuestros corazones, no importaba el tiempo que había pasado, desde entonces Mamuska era una especie de deseo incansable, una santa, un ángel sublime tan extrañado como perdido.

Una confesión secreta de Ivanova una noche mientras encendía la velita para decir las plegarias fue esta:

–     Sabes Dankha, a mí si que no me gustan los domingos.

–     ¿Porqué?, ¿Es que no te gusta vestirte de domingo, pues?  – le dije como esperando cualquier tontería en respuesta.

Cambiò de semblante y sus ojos negros se volvieron tristes, pero no manifestaban intensidad, mas bien lejanía con esfuerzo, mas bien como si aquel pensamiento de olvido hubiera progresado y hubiera cavado en su alma algún hoyo sin fin, pero que sabía ocultarlo con experticia y entonces dejó salir de sus labios una sutil palabra:

Mamuska – dijo.

Para mis adentros pensé: <debe sentir al igual que yo, ese vacío infinito que uno siente en especial los domingos cuando el aire es diferente, cuando el cariño apremia y ella no está>.

–     ¡Por eso! –dije, – ¡Por eso mismo! yo me iba con Mamuska tan temprano en la mañana todos los domingos, a penas el primer gallo cantaba, ya abría yo el ojo a ver si ya ella estaba en pie, así se fuera a la misa! o a la visita de turno! Para mi un día sin Mamuska era el purgatorio! -Y a modo de que se riera le dije:

–     Es que ni el ruido mas profano te hacia abrir un ojo!, ¡ya te llevaban los enanos del sueño, y el ronquido de un ratón ! Ya mañana no será domingo, será otro día, ya no recuerdes eso.

Así Ivanova, volvió a cerrar el baúl escondido dentro de su corazón y con una media sonrisa apagó la vela diciendo:

–     Un ratón! Mas bien de conejo! ¿No soy un conejo Dankhuska?

–     Eres un conejo Ivanova! Conejo de los paramos rosados…

–     Shuuuu.., alguien viene, has silencio para que no entre.

***

Genova, 4 de junio de 1780
 
Amada Dankhuska:
En Italia los barcos son mas bonitos Dankhuska, ya el verano si que no es como San Peter, deberías venir, ya he comido todo lo que cosecha la tierra, y también los corderos, los pollos y los pescados, ¡Ay Dankhuska a todo le pongo aceite de oliva!, y también a las galletas dulces!  Tendrías que ver como lucen los tomates de la siembra de mi huerto, es que no es por lo grande, “sorelina” si no por lo rojo, desde ya te diré para que no te pierdas, que para entrar a la casita tienes que subir el sendero, allí están las escaleras, luego esta el patio y ya la casita  rosada pálida, esa es.
 Ricardo ha encontrado también girasoles que se dan aquí en Italia, esos los sembraremos. Ya nosotros tenemos preparado un cuarto para los huéspedes, para que te puedas acomodar un día, el que decidas tú venir. Ya ese día haré tantas tartas para que puedas comer, que va ser difícil no tomar vino, te gusta todavía el vino Dankhuska?, ah! Claro que si!. Sabes a donde iremos “sorelina”?: Iremos al mercadillo, iremos al mar, es que está tan cerca, ya yo he puesto algunas pinturas en las paredes, todas para arreglar la casa, tenemos también dos gatos pequeñitos, Ricardo no sabe que nombre ponerle, alguna sugerencia?. Más me place consentirle señorita un solo gato para usted, para que le haga compañía para cuando decida reinar estos previos.
La vecina es desdeñada y no me habla, tiene dos hijos y los atiborra de regalos y de caramelos. María es la ama de la tienda y dice que habla inglés, cosa que no me atrevo a comprobarle, debido a la fácil risotada que pueda salir de mi boca, me regala dulces, que mal podría yo hacerle?, me dice, que cuando ella tenía mi edad también tenía mi pelo, <como va a tener mi pelo dankhuska, mi pelo es mio>, pero yo sólo le contesto, “Si claro! Es que se le nota al sol” entonces allí es que me dá los caramelos,  cuando le digo que le sienta muy bien tal color del vestido, me regala naranjas, me da risa! Que pretenciosa ella!, bueno no me puedo quejar ya hasta le tengo cariño.
Por las noches se tocan las campanadas de la misa, la plaza del pueblo es muy pequeña, no me gustan las costumbres fúnebres de la gente de por aquí, duran días y días en el velatorio. No hablo con todos, mas todo el mundo me conoce, he perdido el sombrero alguna vez en estos días, y me lo han devuelto con una notita en la puerta de la casa, que dice  asi: Cara Ivanova “ai lasciato il suo capello sopra la banca de la Piazza, ma io sono contento in ritrovarla per voi” Giovanino. Ah! Quien será ese tal Gianino, ha de ser un monje siciliano? Un señor encorvado? Un niño?, quien lo sabrá?. Nada más te digo que así son los encantos de este pueblo a la orilla de Dios.
Querida Dankha le pido a Dios que algún día muy cercano puedas venir a verme, extraño tus ojos Dankuska, dime que vedras.
Ansiosamente,
Ivanova.

****

San Petesburgo, 20 julio de 1780
 
Querida Ivanova:
 
A penas he recibido tu carta me he sentado a escribir, me alegra lo del huerto, me pregunto si a esos pobres  gatos también les gusta el aceite de oliva. Que bonito lo que cuentas de tu nuevo hogar, me alegra saber que la gente te tiene en estima, y que has recuperado el sombrero.
Ya guardo esta carta con el resto de las otras para no perderme cuando suba por aquel sendero.
San Petersburgo está igual, un poco más poblado diría yo, pienso también escaparme cuando apenas tenga la oportunidad, hay un conservatorio que queda en el extranjero con quienes he intercambiado cartas, están buscando jóvenes talentosas para una especie de espectáculo nacional, podre ir cuando ya haya reunido unos cuantos rublos, solo para ver por mi misma la majestuosidad de la construcción que dicen estar haciendo. Ya te diré hacia donde se dirige mi fama y mi fortuna.
Todo cuanto has dejado está igual, los mismos fantasmas recorren la estancia, las mismas torturas acortan la calma, la misma enfermedad, yo me hago del corazón ciego para no verlas más, pero como ya sabes es casi imposible.
Lo último fue que, he vuelto a soñar con aquella ocasión en que después de haber ido al retiro espiritual de la escuela, aquel que el buen párroco de la iglesia y las monjitas me invitaron, en la casa se dijo, que yo había mentido, y por ello el castigo duró la semana entera, y así estuve sin una luz ni una vela, también tuve que bañarme con agua casi helada, ya que me escondieron la llama para calentar y tan temprano en la mañana tuve que salir que a raíz de eso me dio un resfriado de muerte y no pude ir a ver el desfile del circo ese día por la tarde, el día  mas largo del mes. Por la mañana estaba tan metida allí en el sueño, que dí gracias a Dios que tu estas tan lejos Ivanova, ya te hubiera contagiado el resfriado también, ayer se han caído trozos de madera del techo y han caído todos sobre la cocina, como yo leía a Romeo con su Julieta, no me he percatado de como ardían, y así al llover una especie de pelusa negra, he salido corriendo a ver de donde venía, pues he visto que venía de la cocina, entonces fui como loca a soplar y soplar, así quedé llena de hollín y como eso no me ayudo en nada, salí a buscar corriendo el agua, he apagado la llama justo antes de que se prendiera la casa entera. Ya veras tú que ha quedado el libro chorreando, pues lo he soltado de mi mano al piso sin querer, solo por el apuro de apagar la llama, pues el libro medio difunto y todo negro ha quedado así: “Romojado y Juliagueta”…Me he reído tanto, he de buscar algún otro libro, en las cosas de Mamuska.
Escríbeme pronto y cuéntame de tu huerto, dile a Ricardo que el girasol es hermoso al regarlo por la noche.
Adios Ivanova, ya nunca más me olvides,
Dile a Italia qué si me quiere que me búsque, así son las tierras cuando aman, recogen todas a sus hijos perdidos.
P.D. llévale esto a María de mi parte:
Maria do you like the color pink on your face? Let me know Miss Maria, what you may give me  for present today due my wonderful words.
        
Con amor:                    Dankha                                        

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Mas cartas viejas en mi olvidado baúl que he traído de Rusia, he pasado esta noche en vela, éste es el primer día que no veo el rostro de Heathcliff, he repasado en mi memoria cada palabra que he dicho ayer, la noche anterior a su partida, cada mirada a cualquier cosa en la estancia que pudo haber mirado, cada detalle que pudo haber escapado, una y otra vez he revisado el teatro entero, la estancia, no encuentro nada, he vuelto a revisar cada milímetro de nuestra última conversación en mi memoria, recordé que había comenzado sobre su ensayo en el teatro, no le gustó mucho que me acompañara su amigo Dan en las butacas de la audiencia, se veía mas bien cansado cuando dijo que: “Otelo era su papel estelar pero solo si yo le seguía recibiendo los caramelos al mozo Dan ”. Me reí tanto, volví a recordar el momento en que buscó las velas que luego encendió, después de cerrar la ventana, volví a mirar el vaso de vino que sirvió  él mismo, para apagar su sed, la mancha en la alfombra que quedó carmín, he tratado de recordar cada punto en su mirada, cada palabra que dijo, cada verso que condujo a nuestros besos, una y otra vez en mi memoria, ¿Qué dijo?, ¿Qué fue lo que no miré?

Recuerdo cada movimiento que hizo con sus manos al buscarme, quería que atendiera sus silenciosas insinuaciones, cada sonido que hizo esa noche, cada espacio de tensión lo he recreado una y otra vez con detalle.

Recuerdo perfectamente el momento en que me tomó del brazo, me puso de espaldas contra él, ciñéndome a su cuerpo, me retiró el pelo de la cara, pasándolo por detrás de mi  oreja a modo de que yo escuchara mejor lo que estaba a punto de decirme, como un ángel negro me sedujo con el sonido de su voz tan ténue como un sílbido y me dijo al oido:

–      Dankha, esta noche seré “Hades”, príncipe del tártaro, estoy buscando alguien como tú, con esta carita, con esta voz, me cantas una canción, Hada?…

Sentí su risa a media boca, respiró en mi oído, cerré los ojos devolviéndole la misma sonrisa, expectante exhalé sin decir una palabra, lo escuché continuar en un múrmullo:

–     ¿Conoces a álguien que pueda liberarte de mi prisión infinita?,

¿si, Dankha?…shuuu, no hables,- y metió dos de sus dedos dentro de mi boca- contúve la respiración y un sálto en mi estomago me avisó que ya conocía yo bien el resto de lo que iba a suceder.

–     ¡Shuuuuuuu,  Dankha, mejor no digas nada, ya sabes que lo que busco es quién quiera a este “Hades”, ¿que tienes aquí? Ay! No me lo digas, mantente callada… ¡Ah, es un botón!.

Nos reímos los dos, yo como pude moví los labios, sus dedos no me daban espacio para mas.

– ¿y éste otro? Ay ¡es otro botón de la camisa de un hada!

Luego nos reímos casi en múrmullos, él me cóndujo a la pared más cercana y reposó su cuerpo en ella, y  así yo lo hice en el de él, cuando se disponía a voltearme para mirarnos, tropezamos con la mesita, se cayeron el vino y el vaso,  las flores y el florero, y se derramaron el vino, las flores y el agua. Él no contuvo la carcajada que salió de su boca, y soltó otras carcajadas mas, yo ya no pude reírme,  ya me había hecho presa de su palabras, le dí un tirón con violencia a su brazo izquierdo, para sacarlo del charco de vino y aquello en la alfombra, no miré mas aquella escena, ya no era importante, le tapé la boca con mi mano, retire el pelo de su cara con mi otra mano libre, él  se me quedó viendo como con sorpresa a lo mismo que hizo un movimiento un poco hacia atrás, se apagó su sonrisa, en un segundo, asentando con la cabeza, enfocó mi rostro entrecerrando los ojos  y luego en un instante, volvió a entrar en el su habitual y enigmático porte de seductor, me abrazó en la cintura y me acerqué a su oído y le dije:

-“Hades” no se ríe, “Romeo”, muéstrame tus heridas que he de lamerlas señor mío.- solté su boca con mucho cuidado, con mis manos ahora, abrí su blanca camisa y toqué bordeando sus hombros desnúdos, bronceados, perfectos, al mas bello gitano que ha tenído Inglaterra, y el actor más inesperado que habita en Francia.

Besé a “Hades” sin espacio para respirar, al igual que cualquier día, perdimos la conciencia de la hora, del tiempo, del espacio, la estancia ahora era solo un lugar colgado en el “no tiempo” donde sólo en el mundo existíamos él y yo. “Hades” me llevó al viaje en el inframundo, a modo de perder la batalla contra sus ojos perfectos azules, me condujo a las llamas que él dispuso, cuanto calor había, me adentré en sus sonidos, en su ojos maravillosos, más no pude pronunciar palabra elocuente, éstaba ahogada por la clemencia celestial de mi verdugo, mi extraordinario hallazgo, mi alma gémela, podía tocar la perfección y tenía nombre, Heathcliff. Cuando la vela se consumió, reposaba dormido entre mis brazos, su mano sostenía la mía, túve que soltarme con delicadeza y tratar de no maltratar tanto mi adolorido tobillo, estaba adolorida y adormilada mas hice todo el esfuerzo de pararme con angústia para prender la próxima vela.< La oscuridad es un espanto y me duele tanto  el pie>. – pensé para mi misma.

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Hoy he mirado cada óbjeto que él tocó ántes de irse, he escarbado cada milímetro del espejo y todavía no encuentro ningún consuelo que me explique qué sucedió, revisé todo y ha dejado en el armario toda su ropa, esta su traje de Romeo, sus botas de Macbeth, dejó los acordeones y el violín  de la época cuando creyó que la música salía de sus venas, ha dejado su traje antiguo con que representó al Mósquetero, todos sus papeles y escritúras, sus guíones teatrales, sus plumas, sus pañuelos, su fuete y sus guantes de montar preferidos, dejó también los regalos del maestro de las óbras, sus libros de léctura infantil, sus libros de ortografía, de gramática y francés, hay algúnos francos en su gabardina, aquélla que vistió anoche, un palillo, un pañuelo y unos pétalos de rosa roja y su tallo, o lo que parece fué una. Una tarjeta con pequeñas gotas de sangre con la siguiente inscripción: Doctor Maurice Kenneth, en Gimmerton.

Sólo se ha llevado, un cuaderno de anotaciones el cual no le gústaba que nadie pasara ni siquiera la vista de reojo, lyo núnca lo hice, ése el que guardaba en el último tramo del armarío al lado de ese horrible saco negro, yo núnca me interesé, pués no le vi vestigio de algúna  importancia, y pensar que hoy es el único óbjeto de valía para mí en esta habitación, pués me pregunto si he ahí la razón de su partida. ¿Porqué se lo llevó? ¿Qué había en ese cuaderno forrado en ordinario cuero marrón con inscripciones quemadas con las letras C&H, CB??.

Ése horrible saco negro que habia dado yo por  ólvidado por el tiempo, por él  y por mí, lo había traído desde Inglaterra, fué lo único que  había traído a Francia; Se le había mojado y encharcado en una lluvia según alguna vez dijo y lo trajo de su viaje en barco desde Liverpool, el resto es olvido, no tengo mas ideas, son cosas que él no narró nunca. El saco dice él que una tal Elena le cosió para que escondiera sus reliquias en su antigua casa en Inglaterra.

No quiero tocarlo es tremendamente lujubre y desgastado, lo veo con aversión, me produce una horrenda sensación fantasmal, como si dentro de èse saco se guardara el más oscuro secreto de Heathcliff, como si al tocarlo se desatara el más temible de los infiernos, como si fuera una puerta astral hacia el mundo de mis mas penosas pesadillas, mis manos tiemblan si me apróximo, mi corazón deja de latir cuando me acerco para tomarlo y halar de sus trenzas, en un segundo he retirado mi mano, ya me ha pasado hoy dos veces.

Ése saco se parece al día en que se fué Mamuska. Hoy no voy a tocarlo, no puedo.

marzo 25, 2012

Novela: “Heathcliff”, La Historia detrás de Cumbres Borrascosas” Confesiones Privadas de Dankha Fiennes H.

por thesecretwriteraboutyou

“¿Haz rezado Desdémona esta noche?

Si recuerdas algún crimen que el cielo no te tenga perdonado solicita su gracia en este instante..

Reza y acaba; mientras tanto yo paseare. Sin preparar no quiero tu espíritu matar, no.

¡No te quisiera yo matar el alma!”

Otelo. W.Shakespeare

Capitulo I

Confesiones

Nunca me atreví a seguirlo a ningún lado,  lo hubiera seguido hasta la muerte si me lo hubiera pedido, así era yo tanto su fiel devota ; La ultima vez que lo vi, no tenia sospechas de que se iría, así de impecable hace el trabajo un asesino,  no note nada diferente, yo no vi en sus ojos ningún indicio de despedida, algunas noches me hablaba y me miraba, yo no paraba de contemplarle, de escucharle, Heathcliff causaba tal efecto, que ningún sonido en la tierra lo opacaba, cuando él estaba, estaba la luna completa, cuando él estaba, no había escapatoria de las llamas, ya el aire faltaba, es que el olía a la bruma del mar, tan atractiva figura poseía, que al mirarte con su ojos dulces de villano, no podía uno leer pensamiento alguno, se podía notar que él era diferente, no había cosa igual a él, y si eras digna de su habla, cosa que no era frecuente, y no lo hacia con cualquier persona,  la sensación de perder su mínima confianza era tan desesperante, que oprimía el pecho tan agudamente que podías partir en llanto de solo pensarlo. Así era el poderoso misterio que èl poseía, a veces pensé que podía dominar las artes oscuras, sí, es que él era un brujo que poseía. Dicen que hay ángeles oscuros perdidos en la tierra, serian como èl entonces, porque una sola vez que me miró, pude  saber que seria su presa y difícilmente podría escapar alguna vez de él, de su dulce voz, de sus taciturnos silencios, de sus desgarradores ojos, así son los degolladores de oficio, atractivos a la vista y eficaces en la incisión. Con el tiempo, si Heathcliff estaba yo era la presa, y el a su vez el se volvio  la mía , yo en nuestros silencios, si había un espacio abierto trataba de leer todos sus mas oscuros secretos, mientras tocaba su mano, y buscaba sus ojos, lo imaginaba retorciéndose del dolor y yo a su lado para socorrerlo, lo imaginaba agonizante en la madera del teatro, diciendo, suplicando: “Dankha, Dankha….ven” y yo me arrastraba en el suelo, con el vestido blanco y con un pañuelo me apuraba, con una retorcida pero muy pequeña, pequeñísima sonrisa, mientras tocaba su hermoso cabello largo, negro, veía su rostro perfecto, suplicante, complacía mi mundo interior el dolor que manifestaba en su frente, estaba por fin necesitando algo de mí  y yo robándomelo de su torturador y escondiéndolo en el lugar mas secreto de mi corazón, pero es que  nadie debiera verlo en su congoja, mi Heathcliff, mi pequeño Heathcliff, yo veo que siente dolor, pero nadie debe saberlo nunca. A veces pienso que fue muy tarde, pues ya todos lo sabian. Pero en la realidad siempre en sus martirios inflingidos por el y en sus recuerdos corría para atenderlo en su delirio, nunca esquivaba el mis manos, nunca, no se si bien por alivio o por autocastigo, o bien para purgar sus culpas. Así, nos llenamos de los perdones crueles y las suplicas silenciosas e infantiles que  no dejaban espacio para laragas explicaciones. Pedía siempre mas castigo, mas amor, mas castigo… así son los verdugos en ejecutar su acto “apenados ante Dios y suplicándole al diablo para que le den el otro encadenado”.

Yo contare la historia de mi asesino, o de un suicidio, y no lo cuento por una sádica y silenciosa devoción hacia él, ¡no! ,! no deben percibir eso!, quien muestra  su alma y la deja a merced para que la engulla un ángel negro es también  un traidor a si mismo, di la mía a él, y ya es solo polvo, ha sido quemada en los confines del infierno, y un espectro tuvo la osadía de soplarme algunas pocas cenizas en la cara, es que ya hace tiempo que camino por las callecitas así y nadie lo nota, me cubro con ropas gruesas, a veces uso el color marrón pero nunca el negro, esto para ocultar el evento de que pueda sangrar por el  hueco que tengo en medio del pecho, a veces por la espalda me toco un agujero, puedo sentir que late, puedo sentir su viscosidad, es entonces cuando sé que sangro, lo digo en silencio para que, no me escuchen ellos. En circunstancias agudas que, básicamente depende del recuerdo que escojo para distraerme, empieza el goteo, siento la humedad y un frio me recorre la frente, siento como si un largo hilo manchara mi ropaje, me apresuro a socorrerme y a escondidas me toco la herida y con sigilo veo mi mano, y en silencio, digo: ¡Negro! , ¡Negro!, es otra treta de mis nervios, no es sangre, mi sangre es ahora cenizas, como he dicho antes. No quiero repetirlo,  he muerto en vida, así me ha dejado Heathcliff.

Soy Dankha Fiennes y esta es mi historia…

Nací en San Petersburgo, Rusia, en el invierno de 1764, viví con mi familia los años que pude, hasta que tuve la suerte de salir de las garras de ese infierno, mi infancia transcurrió sombría, en unas calles desiertas, o por lo menos para mi lo eran, yo prácticamente vivía sola con Rozowy, que era la nana de la casa, la mamuska. Mi hermana Ivanova era tan  callada que no se podía contar como compañía, eso lo adhiero a como quizás sentía sus propios tormentos, en ocasiones veía a mas personas por los previos, ya ni si quiera quiero recordar sus nombres, los guardo en un cajón con llave para que nunca ya puedan volver los torturadores, no teníamos ni gatos ni perros.

Aquello era un espanto de vida, los grises matices de una infancia, ¿quien puede soportarlos? Los mimos siempre venían de parte de Rozowy, era tan dulce mi mamuska, su carita era blanquita y hablaba tan bonito, parecía que los ángeles la hubieran traído, pero ella también guardaba sus secretos, así como sus tormentos, que también volvieron por ella un tiempo antes de su muerte, pero aun así, era la perfección pura.

La fría cuidad no permitía tan a menudo estar al aire libre, solo con excepción del verano, a los niños se le cuidaba en particular de los descuidos del resfriado, y por esta parte mamuska era obsesiva, así que mi distracción era verla en la cocina y en la faena, a diario me recreaba en ver a mamuska perseguir corriendo a la tímida Ivanova, que para contar la verdad, tenia dominio sobre la nana, la traía de los cabellos, supongo que por gusto puro. Por las noches, Ivanova dormía con mamuska en una camita pequeña, pero a ella no le importa pues siempre me miraba y me decía: “Mamuska vale por dos”, y luego soltando un grito de buena gana, y dando palmadas al lecho, decía: “!Venga mamuska a contar!”.

Mamuska contaba cuentos para dormirnos, cuentos de castillos, cuentos de brujas, cuentos para niños, cuentos de su infancia, cuentos de su vida, historias, historias de difuntos, historia de libros, historia de la historia, también hablaba de plantas, de colonos españoles, de países, de los médicos, de las medicinas, de sus santos queridos y de cualquier verso que se le ocurriera, mamuska las repetia una y otra noche como las ruedas del molino, a veces yo me dormía y dentro del sueño mamuska todavía hablaba. Sabía todas las canciones de todos los tiempos y no había noticia que no narrara. No había nada que mamuska no encontrara, si se perdía algo ya pensaba yo en ella, encontraba botones perdidos, calcetines, jabones viejísimos, chelines, peniques, juguetes, pedacitos de madera, clavos, o lo que yo diera por perdido; Mamuska era buena.

Mamuska se fue una tarde, una noche, no recuerdo bien, así los niños matan en su memoria las dificultades y los corazones perdidos, mamuska llevaba su bolsa marrón del mismo color de su chal, un vestido color mostaza pero muy sencillo, quizás era el único que tenia pero ella nunca lo dijo, su pelo gris recogido, sus arrugas tristes, sus ojos azules, pequeños, bordados en lagrimas y solo supe que se fue en un tren para no volver, a ella le dieron una tortura por otra, así era el dolor de mamuska en irse, que llego a rastras a la estación, botando por descuido en el piso su cajita con juguetes, mamuska guardaba muñequitos en una cajita de galletas plateada y oxidada, tenia juguetes para dar consuelo a su infancia perdida. Dicen las gitanas de la estación que era como si a mamuska le hubieran quitado su último consuelo, o sus últimos años de vida. Mamuska se fue a petición de los dueños de la casa, esos que una vez que tienen a los hijos los abandonan a su merced, y delante de los demás aparentan pleitesía, ellos le quitaron esa tarde el corazón a mamuska.

Ivanova y yo perdimos el consuelo para nunca recuperarlo.

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