Novela: “Heathcliff”, La Historia detrás de Cumbres Borrascosas” Confesiones Privadas de Dankha Fiennes H.

por thesecretwriteraboutyou

“¿Haz rezado Desdémona esta noche?

Si recuerdas algún crimen que el cielo no te tenga perdonado solicita su gracia en este instante..

Reza y acaba; mientras tanto yo paseare. Sin preparar no quiero tu espíritu matar, no.

¡No te quisiera yo matar el alma!”

Otelo. W.Shakespeare

Capitulo I

Confesiones

Nunca me atreví a seguirlo a ningún lado,  lo hubiera seguido hasta la muerte si me lo hubiera pedido, así era yo tanto su fiel devota ; La ultima vez que lo vi, no tenia sospechas de que se iría, así de impecable hace el trabajo un asesino,  no note nada diferente, yo no vi en sus ojos ningún indicio de despedida, algunas noches me hablaba y me miraba, yo no paraba de contemplarle, de escucharle, Heathcliff causaba tal efecto, que ningún sonido en la tierra lo opacaba, cuando él estaba, estaba la luna completa, cuando él estaba, no había escapatoria de las llamas, ya el aire faltaba, es que el olía a la bruma del mar, tan atractiva figura poseía, que al mirarte con su ojos dulces de villano, no podía uno leer pensamiento alguno, se podía notar que él era diferente, no había cosa igual a él, y si eras digna de su habla, cosa que no era frecuente, y no lo hacia con cualquier persona,  la sensación de perder su mínima confianza era tan desesperante, que oprimía el pecho tan agudamente que podías partir en llanto de solo pensarlo. Así era el poderoso misterio que èl poseía, a veces pensé que podía dominar las artes oscuras, sí, es que él era un brujo que poseía. Dicen que hay ángeles oscuros perdidos en la tierra, serian como èl entonces, porque una sola vez que me miró, pude  saber que seria su presa y difícilmente podría escapar alguna vez de él, de su dulce voz, de sus taciturnos silencios, de sus desgarradores ojos, así son los degolladores de oficio, atractivos a la vista y eficaces en la incisión. Con el tiempo, si Heathcliff estaba yo era la presa, y el a su vez el se volvio  la mía , yo en nuestros silencios, si había un espacio abierto trataba de leer todos sus mas oscuros secretos, mientras tocaba su mano, y buscaba sus ojos, lo imaginaba retorciéndose del dolor y yo a su lado para socorrerlo, lo imaginaba agonizante en la madera del teatro, diciendo, suplicando: “Dankha, Dankha….ven” y yo me arrastraba en el suelo, con el vestido blanco y con un pañuelo me apuraba, con una retorcida pero muy pequeña, pequeñísima sonrisa, mientras tocaba su hermoso cabello largo, negro, veía su rostro perfecto, suplicante, complacía mi mundo interior el dolor que manifestaba en su frente, estaba por fin necesitando algo de mí  y yo robándomelo de su torturador y escondiéndolo en el lugar mas secreto de mi corazón, pero es que  nadie debiera verlo en su congoja, mi Heathcliff, mi pequeño Heathcliff, yo veo que siente dolor, pero nadie debe saberlo nunca. A veces pienso que fue muy tarde, pues ya todos lo sabian. Pero en la realidad siempre en sus martirios inflingidos por el y en sus recuerdos corría para atenderlo en su delirio, nunca esquivaba el mis manos, nunca, no se si bien por alivio o por autocastigo, o bien para purgar sus culpas. Así, nos llenamos de los perdones crueles y las suplicas silenciosas e infantiles que  no dejaban espacio para laragas explicaciones. Pedía siempre mas castigo, mas amor, mas castigo… así son los verdugos en ejecutar su acto “apenados ante Dios y suplicándole al diablo para que le den el otro encadenado”.

Yo contare la historia de mi asesino, o de un suicidio, y no lo cuento por una sádica y silenciosa devoción hacia él, ¡no! ,! no deben percibir eso!, quien muestra  su alma y la deja a merced para que la engulla un ángel negro es también  un traidor a si mismo, di la mía a él, y ya es solo polvo, ha sido quemada en los confines del infierno, y un espectro tuvo la osadía de soplarme algunas pocas cenizas en la cara, es que ya hace tiempo que camino por las callecitas así y nadie lo nota, me cubro con ropas gruesas, a veces uso el color marrón pero nunca el negro, esto para ocultar el evento de que pueda sangrar por el  hueco que tengo en medio del pecho, a veces por la espalda me toco un agujero, puedo sentir que late, puedo sentir su viscosidad, es entonces cuando sé que sangro, lo digo en silencio para que, no me escuchen ellos. En circunstancias agudas que, básicamente depende del recuerdo que escojo para distraerme, empieza el goteo, siento la humedad y un frio me recorre la frente, siento como si un largo hilo manchara mi ropaje, me apresuro a socorrerme y a escondidas me toco la herida y con sigilo veo mi mano, y en silencio, digo: ¡Negro! , ¡Negro!, es otra treta de mis nervios, no es sangre, mi sangre es ahora cenizas, como he dicho antes. No quiero repetirlo,  he muerto en vida, así me ha dejado Heathcliff.

Soy Dankha Fiennes y esta es mi historia…

Nací en San Petersburgo, Rusia, en el invierno de 1764, viví con mi familia los años que pude, hasta que tuve la suerte de salir de las garras de ese infierno, mi infancia transcurrió sombría, en unas calles desiertas, o por lo menos para mi lo eran, yo prácticamente vivía sola con Rozowy, que era la nana de la casa, la mamuska. Mi hermana Ivanova era tan  callada que no se podía contar como compañía, eso lo adhiero a como quizás sentía sus propios tormentos, en ocasiones veía a mas personas por los previos, ya ni si quiera quiero recordar sus nombres, los guardo en un cajón con llave para que nunca ya puedan volver los torturadores, no teníamos ni gatos ni perros.

Aquello era un espanto de vida, los grises matices de una infancia, ¿quien puede soportarlos? Los mimos siempre venían de parte de Rozowy, era tan dulce mi mamuska, su carita era blanquita y hablaba tan bonito, parecía que los ángeles la hubieran traído, pero ella también guardaba sus secretos, así como sus tormentos, que también volvieron por ella un tiempo antes de su muerte, pero aun así, era la perfección pura.

La fría cuidad no permitía tan a menudo estar al aire libre, solo con excepción del verano, a los niños se le cuidaba en particular de los descuidos del resfriado, y por esta parte mamuska era obsesiva, así que mi distracción era verla en la cocina y en la faena, a diario me recreaba en ver a mamuska perseguir corriendo a la tímida Ivanova, que para contar la verdad, tenia dominio sobre la nana, la traía de los cabellos, supongo que por gusto puro. Por las noches, Ivanova dormía con mamuska en una camita pequeña, pero a ella no le importa pues siempre me miraba y me decía: “Mamuska vale por dos”, y luego soltando un grito de buena gana, y dando palmadas al lecho, decía: “!Venga mamuska a contar!”.

Mamuska contaba cuentos para dormirnos, cuentos de castillos, cuentos de brujas, cuentos para niños, cuentos de su infancia, cuentos de su vida, historias, historias de difuntos, historia de libros, historia de la historia, también hablaba de plantas, de colonos españoles, de países, de los médicos, de las medicinas, de sus santos queridos y de cualquier verso que se le ocurriera, mamuska las repetia una y otra noche como las ruedas del molino, a veces yo me dormía y dentro del sueño mamuska todavía hablaba. Sabía todas las canciones de todos los tiempos y no había noticia que no narrara. No había nada que mamuska no encontrara, si se perdía algo ya pensaba yo en ella, encontraba botones perdidos, calcetines, jabones viejísimos, chelines, peniques, juguetes, pedacitos de madera, clavos, o lo que yo diera por perdido; Mamuska era buena.

Mamuska se fue una tarde, una noche, no recuerdo bien, así los niños matan en su memoria las dificultades y los corazones perdidos, mamuska llevaba su bolsa marrón del mismo color de su chal, un vestido color mostaza pero muy sencillo, quizás era el único que tenia pero ella nunca lo dijo, su pelo gris recogido, sus arrugas tristes, sus ojos azules, pequeños, bordados en lagrimas y solo supe que se fue en un tren para no volver, a ella le dieron una tortura por otra, así era el dolor de mamuska en irse, que llego a rastras a la estación, botando por descuido en el piso su cajita con juguetes, mamuska guardaba muñequitos en una cajita de galletas plateada y oxidada, tenia juguetes para dar consuelo a su infancia perdida. Dicen las gitanas de la estación que era como si a mamuska le hubieran quitado su último consuelo, o sus últimos años de vida. Mamuska se fue a petición de los dueños de la casa, esos que una vez que tienen a los hijos los abandonan a su merced, y delante de los demás aparentan pleitesía, ellos le quitaron esa tarde el corazón a mamuska.

Ivanova y yo perdimos el consuelo para nunca recuperarlo.

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6 comentarios to “Novela: “Heathcliff”, La Historia detrás de Cumbres Borrascosas” Confesiones Privadas de Dankha Fiennes H.”

  1. Interesante y envolvente … espero leer más .

  2. I absolutely loved it, mon cher! que talentosa eres, mi querida amiga! bisoux…

  3. Quede encantada… tengo que leerlo completoo!!!

  4. exqusitamente descrito y narrado este primer capitulo. suspenso, misterio, intriga,pasion, me encanta. este I capitulo esta buenisimo. eres toda una escritora usando toda esa imaginacion que lleva al lector a seguir escurcando en la lectura. te felicito. seguire leyendo. voy para el II cap.

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