Capitulo IV Juene

por thesecretwriteraboutyou

Dankha`s Room

Capitulo IV

-!Toc! Toc! Toc!.. Mademe Dankha, !Toc, Toc, Toc ! Madame Dankha! Are you here?, ¿Monsieur Laurence are you here?

Al escuchar esa “palabra” desperté de mi letargo como si hubiera escuchado el sonido de un látigo ondeando el aire y vertiéndolo dentro de mi pecho, sabía que no tardaría álguien en venir pero no imaginé que me encontrarían tan desprevenida. En un segúndo miré a mí alrededor, todavía sin contestar, miré las velas que había encendido hacía ya un rato y estaban ya muy consumidas, entónces me percaté que había dormido la noche entera.

-¡Oh oui Monsieur! ¿Qui est ce?

-C` est moi, Monsieur Pascal.

-Yes Ms. Pascal, we are here, . ¡Si estamos aquí!-qué estoy diciendo- ¡pero qué estoy diciendo!, -susurré para mis adentros.

Me dirigí con esfuerzo desde la cama hasta su punta para encontrar  una silla, solté la almohada, me ví a mi mísma recogiéndome la bata frente al espejo, me recogí el pelo con el un adorno que había en la mesita, Seguí caminando apoyada con mi pie sano, y me acerqué hasta el espejo, no contaré lo que ví en mi cara. Así dejé la estancia, pasé por el pasillo, continúe cojeando hasta la otra parte de la casa,  tardé lo suficiente pero yo mísma no esperaba esa agilidad oportuna, finalmente me acerqué hasta el pórtico para darle entrada al visitante.

–     ¡Bon Jour!  Dankha, Cheri y beso mi mano sutilmente.

–     Bon Jour Monseiur.

–     Espero no importunarlos esta mañana tan temprano, mas no quisiera yo perturbarlos.

Me reí para mis adentros y le dije:

–     No se preocupe Ms. Pascal no hay nada que pueda perturbar, los hechos fantasmagóricos ya han acontecido en silencio y sin dejar huella algúna.

–     ¿De qué me hablas Dankha?- Y dijo más bien de buena gana-¿Estas recitando algún poema americano? ¿algún verso que desconozco?

–      No Monsieur, sólo le estoy adelantando algúnas respuestas que considero oportunas…

–     ¡Que lucidez perfecta Madame! bromeas a veces de una forma tan espeluznante petitte!

Al instante miró mi tobillo el protagonista estelar de estos días,  – Véo que se te deshace el vendaje, cherie, ¿no ha retornado aún la enfermera?

–     No. –contesté, señalándole con la mano que siguiera hasta la pequeña salita y que tomara asiento para que se diera nuestro encuentro.

–     ¡No me digas! ¡ya la llamaré yo! ¡pero que falta de atención es ésa!,- replicó.

No dije nada, solo volví a mirar mi vendaje que éstaba aún más desgastado que ayer.

El prosiguió con apuro un poco exaltando – ¡Vaya que momento tan nefasto mon petitte! –exhaló y suplicante continúo:

–     ¿Cómo es  qué te ha mordido la desdichada Jeune, Dankha? Ya me han contado de los horrendos crímenes de ese día, más yo no me lo podía creer, – en un tono tan dramático dijo: ¡Cómo ha pasado ésto! ¡Mon Dieu! a mala hora decidí pasar la semana entera fuera de Marsella! ¡Los negocios, siempre los negocios!

A modo de tranquilizarle le dije:

–     No se preocupe Ms. Pascal, aquí la menos afectada fui yo, de verdad que lamento mucho todo lo acontecido, pero descubrimos que fué un dia nefasto para todos, creo que más bien ese día todos fuimos testigos de un hecho casi sobrenatural. Nunca pensamos que algo así sucedería…

–     ¿Por qué lo dices petitte ? ¡Mejor calma mi íntriga Cheri!, quiero escuchar de tus propios labios todo lo acontecido en ese fatídico día, donde una perla salió mal  herida y la otra se ha perdido en vida.

Exhalé entrecerrando mis ojos, lentamente como pude, organicé tramo a tramo mis pensamientos, traje a mi memoria el triste episodio de tres días atrás, se me víno el recuerdo fresco y se empezó a armar el rompecabezas en mi memoria, tragué saliva para comenzar a hablar. Aparté los ojos de mi visita y miré la ventana en la salita donde las nubes se reflejaban, parecía una bonita mañana y él no estaba.

–     Esa mañana Ms. Pascal,- comencé mi relato- Había amanecido el día gris, habían muchas nubes a lo lejos  que presagiaban agua, Laurence H. y yo salimos a pesar del tiempo, él quería buscar unos libros de mitologia griega pues habiamos pasado dias hablando de algunos de los Dioses griegos, íbamos cerca, a la librería en la próxima callecita, como las cortinas estaban entrecerradas no se veía la lluvia tan próxima. Me dijó que volveríamos en unos minutos y que me leería unos versos a modo de aprendérselos de memoria estaba fascina con Hades. Bajámos como de costumbre, pasámos el largo pasillo que úne ésta casa con el teatro, bajámos los largos escalónes y caminámos hasta llegar a la puerta principal del teatro, seguímos, dejándolo a nuestras espaldas y encarando ya la esquina final, fue cuando Laurence se dió cuenta de que estaba Jeune con sus perritos en una caja que álguien había improvisado àsa mañana, pues habían ya nacido los perritos, la vímos desprovista de techo para la lluvia, como Jeune estaba casi escondida en la parte de atrás del teatro, nosotros no nos habíamos dado cuenta antes, Laurence se paró a medio camino, me tomó de la mano y me dijo:

–     Dankha, Jeune y sus crías han de mojarse, ya viene la lluvia y no sería bueno que se mojen.

Volteé para mirar a qué se refería y me dí cuenta, de que Jeune cerca de la caja iba y venía como con desespero, supongo que también le preocupaba la lluvia.

–     ¿Quieres ir a hacerle un techo?- le pregunté.

Exhaló y asentó con la cabeza con rasgo de preocupación.

Dejámos el camino a la librería y nos dispusimos a entrar al teatro, entramos, pasamos la puerta principal, seguimos por el pasillo, seguimos por la puerta privada que conduce al fondo y abrimos la puerta que dá a los salones. Abrimos la puerta de la carpintería; yo me senté en la silla pequeñita blanca de Marcel; Laurence H. siguió a la estantería, abrió las puertecitas, tomó el martillo, unos clavos, dos cuchillos, unas cuerdas y cerró. Miró a los lados a modo de buscar más materiales para su nueva misión, encontró el baúl que dice rotulado: “Cortinas Negras”.

Dirigió su mirada a mí y con una media sonrisa y abriendo los ojos con sorpresa me dijo: – ¡Éso ya no se usa!- le sonreí de vuelta. Abrió el baúl sacó las cortinas, sacudió el polvo, estiró, midió, y al final se decidió y rasgó la tela con uno de los cuchillos. Cerró el baúl y volvió a decir: – Un pedacito mínimo no le hará falta a nadie-. Enrolló la tela a modo de cojín, tomó dos pedazos de madera apostados al lado de la escalera, envolvió todo allí y metió uno de los cuchillos en su bolsillo, y dijo:

– Nos vamos.

Salimos de la misma manera en la que entramos, pero ésta vez ya estaba un poco concurrida la sala de la entrada del teatro todos entraron por la puerta principal para guarecerse de las gotas que ya empezaban a caer. Laurence vió a Lio y le dijo que le acompañara a una obra de caridad inesperada,  Louis lo miró como extrañado, mirò el pedazo de tela envuelta que tenía el en sus manos, arrugó los labios a modo de adivinanza y le dijo:

-¿Se van a guarecer de la lluvia con eso?

Laurence y yo nos miramos, lo  miramos a él y respondimos los dos al mismo tiempo: -Jeune-

Louis asintió entendiendo todo en el momento, levantó la mano a modo de llamado a sus demás amigos que en seguida voltearon  a verle, así se fueron Pierre, Marcel, Dan, Thomas, Mike, Lio y Laurent arreglarle la vida a Jeune.

–     Todo fué mi culpa, yo sòlo debí esperarlos – continúe, devolviéndole la mirada a mi visita.

–     No te culpes Cheri, pocas son las veces que tú no das sorpresas, él seguramente ya te esperaba.

Laurence H, me tomò de la mano y me apartó de la reunión  de los “nuevos obreros”, me mostró una silla cortésmente con la palma de su mano, la movió un poco cerca de la puerta principal.

–     Siéntate, -me pidió-  se agachó para hablarme y mirándome a los ojos dijo:

– Creo que ya no puedes venir, mira la lluvia, ha empezado a llover mas fuerte, yo no quiero que te enefermes, y solo me llevara unos minutos ponerle un pequeño techo a Jeune, ya tengo los cortes en mi memoria de la madera que voy a utilizar, ya he enfocado en mi mente donde los voy a martillar. La pondremos debajo, y volveré por contigo.

Me quedé mirándolo, miré luego la puerta y en efecto ya llovía mucho más, – támpoco quiero que te mojes pero se estan mojando Jeune y los cachorritos, finalmente -asenté con la cabeza y le dije:

-!Anda amor mio! le toqué una de sus mejillas, lo besé y se fueron todos.

Había pasado no se cuanto tiempo, cuando me di cuenta de que ellos no llegaban y que la lluvia se había convertido en un fuerte aguacero, me dije para mis adentros: < ya el techito no va a servir, llueve muy fuerte tienen que traer a todos los perros adentro>.

Me levanté de la silla, tomé un magazine de la puerta del teatro, me lo puse en la cabeza a modo de protección y me fuí a buscarlos con la idea de que todos pudiéramos traerlos a todos adentro. Salí y pronto llegué a la parte de atrás del teatro, ellos estaban en su faena de colgar todavía un techo, ¡claro que no servía! La lluvia había mojado la tela muchísimo, me acerqué al alboroto y Laurence arqueo una ceja y me dijo:

–     ¿Qué te pedi? !Quédate adentro Dankha!

–     Se están mojando los perritos, le contesté.

Extendió su mano y me acercó por el brazo hasta donde estaba él, me acomodó el magazine en mi cabeza, y escuché un apenas audible:

– ¡Mais oui! .. pero ya te estas mojando tu como un pavo.

Enseguida le dije alarmada:

– Vamos a llevárnoslo adentro, – y le señalé a los pequeños en la caja.

Lio se acercó mientras goteaba sobre rostro la lluvia, había escuchado todo y dijo:

– No creo que sea buena idea la de tocarle los perros a Jeune, ya sabes como es de fiera.

Y el resto de los “nuevos obreros” asintieron como en un coro. Pero Jeune se veía muy ansiosa estaba preocupada por los perritos, se movía de un lado a otro.

Hablé a todos, tratando de que escapáramos rápido del aguacero :

–    ! Allors!  Voy  hacerlo yo, Juene es diferente conmigo, ya nos conocemos demasiado, sacaré al primer perro, Jeune me verá y se dará cuenta de que todos vamos adentro por el aguacero y vendrá conmigo, ustedes traerán al resto de los perros, y fin del plan. ¿d´ accord?

Todos asintieron bastante convencidos y muy optimistas con la idea de sacar sus frías narices de la lluvia.  Preparándose todos cerca de los perritos, Jeune se sentó al lado de la caja de los cachorritos como si hubiera entendido lo que yo había dicho, se veía como expectante mientras las gotas de lluvia le corrían por sus orejas. Laurence se me quedó viendo y me mostro sus manos en señal de que todo estaba decidido, pero en un instante cambió, dudó y dijo:

-¿Estas segura cheri?

Yo solo le dije:

– No hay más remedio-.

Coloqué el magazine en el piso, me agaché cerca de la caja lentamente esperando alguna reacción de Jeune, nada, ella seguía sentada sobre sus dos patas,

-muy bien, muy bien- susurré.

Estiré la mano a razón de tomar el primer cachorro para dar marcha a nuestro plan, cuando apenas había tocado el suave pobrecillo, Jeune me enseñò los dientes y me dejò escuchar sus ladridos, me le quedè viendo y retiré la mano a modo de que se tranquilizara, Laurence H. se agachó también y se colocó a mi lado pero codeando la pared. Más confiada volví a estirar la mano, esta vez tomando sí al perrito por el cuello, cuando me deponía a recoger el brazo, Jeune dió una zancada y con un ladrido pude sentir el vaho en mi mano, por la sorpresa me resbalé y  quede sentada en un húmedo charco, antes de que Jeune se me abalanzara encima Laurence me arrastró por el piso hasta sacarme de la escena dejándome fuera de las fosas de Jeune, aquella ya estaba furiosa, seguía ladrando y enseñando los colmillos, cuando reaccioné pude mover las piernas a modo de empujarme aún más hacia atrás, pues eso no le gusto a Juene quien apresò unos de mis tobillos con un fuerte mordisco, cerrò su hocico y movió su cabeza en señal de que había ganado.

Laurence empujó a Jeune para que me soltara, mi alarido se escucho aun más  fuerte ¡Ay! ¡ Mamuska!…No!, Jeune no!, ya no había nada que hacer Juene ya estaba dispuesta defenderse con la presa en sus garras, como yo sostenía ya al perrito, con mi otra mano libre me apoye para levantarme y en eso vi los ojos de Jeune a dos milímetros de mi cara enseñándome los dientes por segunda vez, cuando tomé el impulso para levantarme Jeune abrió el hocico  y sólo me quedó colocar mi mano a modo de protección en mi rostro y me aparte  lo mas que pude, pero no conseguí levantarme,  cuando ya casi sentía el mordisco en mi cabeza, Laurence saco  el cuchillo y se lo clavo a Juene en la garganta, dejándola ya sin respirar.  En breve Juene cayó en el suelo.

Me costó reaccionar ante el último aullido de ella , los gritos de los mozos, la lluvia, el alarido opaco de Laurence y el dolor en el pie, supongo que fué por lo rápido que se había presentado la escena.

Al siguiente momento todos se quedaron en silencio sumamente impactados, a Laurence le corría el agua por su cabello largo, tenia ojos tan diferentes que no se los pude descifrar, creo que era dolor con rabia y humillación, todavía tenia el cuchillo en la mano, cuando Lio salió de su punto de espanto, se me acercó  y me arrastro aún más lejos de aquello, tomó el perrito que tenía entre mi brazo y con la otra mano libre trato de cargarme para levantarme, a lo que Laurence poseído por no sé que espíritu le grito:

–     ¿Qué haces? ¿A dónde te la llevas? ¡Ni muerto la saca álguien de aquí que no sea yo, oíste!– su pose era como si otra persona hubiera estado dentro de él, tenia los ojos en llamas, profundos como si hubiera pasado por un túnel del tiempo y encarnado otro escenario en otra vida, era como si no estuviera allí con nosotros, como si fuera otro, y dijo:

–     ¿Contéstame, Linton es que crees que te la vas a volver a llevar? ¡ Damn you all ! this not gonna happen to me twice, no way! y lentamente con desprecio, dijo: ¡Remove- your- hand -away- from -her!

Lio, asombrado y paralizado con ojos alarmantes y bien molesto, dijo:

–     ¡ Mais Laurence tu ne peux pas fais tous Monsieur!¿ ¡Por Dios qué te pasa!, ¡Tíra de la caja de los perros y vámonos!

El Laurence en trance se acercó a nosotros como a modo de amenaza para Lio, todavía con el cuchillo en mano y los ojos delirantes, pero éste lo conocía muy bien y quitó su vista de él y dijo: ¡Pierre! ¡Marcel! ¡Vous prenez touts les chiens avec vous! ¡Aller!, y siguió diciendo ahora a mí:

-Ho!  Dankha! ¡Quel malhuer! ¡Quel horreur! ¡Dankha!

¡Dankha! -dijo, a modo de susurro, salió de su estupor y soltó el cuchillo. Enarcó una ceja, volvió la mirada hacia mí, hacia mi pelo rojo oscuro, hacia  a mis ojos expectantes, hacia mis labios pálidos por el susto y miró mi ropa mojada y mi vestido enlodado, volvió en si, -supongo-, pestañeo y con esfuerzo como despertando de su posesión, dijo:

– ¿Dankha, my love are you hurt?, !Lord take my soul away!,!Ce n` esta pas posible mon Dieu, merde!

Corrió a liberarme del brazo de Lio, y èste a su vez lo miró retándole diciendo:

-¡Ne parles pas comme ça, ce n est ´pas gentil.

El no dijo nada, me levantó del suelo, pasé mi brazo por encima de su hombro, apoyé mi frente sobre su cuello y así me sostuve de él, dejándome llevar, luego susurré:- traigan a los perritos-

…Cuando abrí los ojos ya estaba la enfermera a mi lado, Dan la ayudaba con premura y Laurence me tomaba de la mano…en unas pocas horas la lluvia arreció y la estancia se oscureció como si el negro cielo fuera a meterse por la ventana…lloviò toda esa tarde y fue oscura y sombria…

–     ¿Pero dónde está ese desdichado?- interrumpió mi invitado-

– !Laurence pupilo mio! !Angel mio! que infortunio el de  Jeune! !Laurence ven aqui!…

–      ¡Llámalo! -me pidió-Debe estar todavía inconsolable! ¿pero dónde está que no ha salido a recibirme?

***

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