Capitulo VI El Pasillo

por thesecretwriteraboutyou

Pasillo hasta las estancias

Capitulo VI

Entré en una de las salitas del teatro, al igual que en los pasillos de la casa contigua, las paredes y el piso están decorados en con el mismo estilo, terciopelo rojo oscuro, lámparas y velas, hacen juego en blanco y dorado, dos personas con vasos de vino en la mano al lado de una mesita, hablan en francés.

–     ¡Bon Jour Madame!, dijo uno de ellos, el pelirojo de cara largucha, de nariz peuqueña, pecoso y de ojos verdes con buen porte y fuerte, estaba  sentado en una silla con espaldar ovalado en rojo con bordes de pulida madera, que voz tan dulce, que ojos más dulces, que persona tan diferente.

–     Bon Jour- contesté con sorpresa y apenada por haber sido la causa de la interrupción.

La otra persona que conversaba con él, estaba parada justo delante de él, era alta de pelo largo negro, espalda cuadrada, llevaba el pelo recogido con un elegante pero discreto lazo negro, propio de la época, vestía camisa blanca, pantalones negros, medias hasta las rodillas, acorde a la moda de la época, se diaria que para nada descuidado pero tan poco con estilo elegantísimo.

Él volteo para mirar a quién se saludaba o quien había interrumpido su conversación. Diría que por las dos.

Su mirada  pareció fría al verme a lo que no dio muestras de mucha simpatía.

Mas para mi sin embargo, fue como si estallaran miles de vidrios por dentro, de pronto sentí desesperadas ganas de reírme, al  ver aquella cara que aún recordaba, un epsisodio inusual sin duda, mas me sentí absolutamente vulnerable y traté de ocultar mi timidez y ahora mi nueva personalidad de siervo herido que me ha quedado desde suiza.

–     Vaya han llovido Hadas esta mañana.- dijo éste- con voz bastante seca y distante.

No pude contestarle nada, mas mi sorpresa fue recordalo como en Veux-Port ahora el era diferente ….

–     Soy Lio.- dijo el otro, levantándose de la silla, y mostrándome con su mano la ventana, en señal de secundar las palabras de su amigo.

–     Ha llovido desde hace un mes….

–     Y  ha llovido a cantaros  desde entonces….- dijo el otro, – ése que ya yo sabia cual era su nombre, puesto que al instante víno a mi memoria otra vez la escena del Viex- Port, el mercadillo, el nenito, y el corte en el corazón que me llegó hasta las pupilas.

Se acerco a la ventana para continuar hablando, yo me comporte absolutamente tímida como si el fuera el dueño de la escena….

–     Has traído un poco de sol contigo- me dijo éste el de Veux-Port-

–       !Ha llovido el mes entero!  a penas hoy fue solo una diminuta llovizna, ¡Vaya que si hemos tenido buena lluvia!  Creo que ha salido un poco sol…quizás sea suerte….

–     El otro, colocó las manos en su cintura y dijo: – ¡Te esperábamos!, tras una pausa- él es Laurence, recuerdame por favor como Lio,

– ¿Como estas? Espero que te guste  lo que has visto, el teatro es muy grande, la verdad.

Me tomó de la mano, con ambas manos y me di cuenta que era una persona sumamente diferente a muchas, especial y absolutamente dulce.

–     Vamos,- continuó, y salimos de salita todos hasta la puerta.

No los vi más, Ms. Pascal entró en la salita, me tomó del brazo, y seguimos recorriendo el teatro.

Esa misma noche aceptando la invitación de todos aquellos protagonistas del teatro, me acerque hasta la elegante taberna de Louis, quien me recibió por segunda vez en el día, tan amorosamente.

–     Dankha! Cheri, y tomó una de mis manos, cerrándola con sus dos manos.

–     Monsieur Lio merci, le contesté derretida por su carisma.

–     ¡Venga un poco de vino para ti!

–     Gracias Lio- tomé en una copa plateada muy adornada con símbolos que parecían rosas.

–     ¡Te ves hermosa Dankha, ¡que bien te sienta Marcella, Petitte! .- dijo con tanta confianza que supe que seria mi eterno confidente, o por lo menos lo seria el tiempo que duraran nuestros destinos entrelazados.

Sin esperar que surgiera cualquier  tema menos importante para mí pregunté apurada por llenar mi vacio interior:

–     ¿Tu amigo, ése Laurance, no es de aquí verdad?

–     ¿Laurance?, él es actor, el mas famoso últimamente.

–     ¡Que suerte tenemos ¡ -entonces le dije-

–     Laurence, -te contaré-

Víno de Inglaterra, para trabajar como marinero, esos que construyen los barcos en el astillero, una tarde cuando estaban terminando de construir el escenario del teatro, se dieron cuenta de que faltaba más madera y los pliegues tenían algunos detalles que no lo embellecían lo suficiente, Ms. Pascal ordenó inmediatamente a los demás que se llegaran al astillero, el que está cerca del Veux-Port y  trajeran la madera y algunos otros carpinteros, ya que se disponía a despachar a estos, puesto que no quería que le prestaran mas servicio al teatro. Así se fueron Pierre y Mike esa mañana. Llegaron los carpinteros pero Ms.Pascal no lo notó, estaba tan atareado o mas que cualquier otro día.

Entonces fue cuando sucedió la riña:

–     ¿Tu que haces allí con esa madera?-dijo uno de los antiguos carpinteros.

–     ¡Pues hacemos lo que nos han pedido, reconstruimos el escenario.

–     Ese es nuestro trabajo, ¡vaya! ¡Que miserable de su parte y de su amigo al quitarnos el pan nuestro!

–     Nadie aquí ha venido a buscar problema, ¡Hable usted con Ms. Pascal, él nos ha llamado aquí, por él hemos venido! -contestó el nuevo carpintero mas su compañero ni se inmutó, no estaba atraído para nada por la situación, siguió  en su corte de la madera.

–     ¡Eso no lo puedo asegurar yo! –dijo mas alterado el despedido carpintero- ¡Mejor lárguense de aquí antes de que yo y mis hombres le mostremos lo que valen nuestros puños y se arme el primer espectáculo de la temporada!

–     Pues no nos iremos, y usted guarde la compostura, no es cosa de hombres pelear por trabajo.

–     ¡Ah pues ha resultado ser usted una damisela! ¡No me lo diga que me da tanta risa! ¿Cómo fue que dijo? “no es cosa de hombres pelear por trabajo”.

–     ¡Damisela por sus cuernos! ¡somos marineros!  ¡Váyase usted al mismísimo diablo! ¡Insolente! ¡Poca cosa!

–     ¡Poca cosa! ¡Maldito Idiota! y arrojó el vaso de vino hacia la madera con un tirón, salpicando al otro nuevo carpintero que ahora si prestó atención, y se levanto de su pose agachado en el piso trabajando los detalles.

Éste se levantó con dos zancadas, retiró el vaso de vino caído con un punta pie, empujó a su amigo detrás suyo, enfrentó a su oponente dándole un empujón y:

-¡Váyase al demonio usted viejo descarado!- Le dijo aproximándose a éste, quien quedó minimizado por tan enardecido y decido oponente, éste vería el demonio en sus perfectos ojos azules, más titubeo pero siguió adelante:

– ¡Lárguense de aquí, éste es nuestro trabajo, o le moleremos a palos!

– ¡A mi nadie me ordena, y de aquí sale su cadáver antes de tocarnos un pelo! ¡Te puedes ir al infierno! ¡Lárguense ustedes! ¡No son mas que borrachos incapaces! Y continúo haciéndose de una barra de madera:

– ¿Qué trabajo estaba a tu cuidado? –¡borracho!- ¿De que vivías? -en fiera voz hostigó al antiguo carpintero.

El otro no contesto de puro asombro.

Abalanzándose sobre el, continúo a punto de empezar una paliza:

–     ¡Llegarás a morir si no dices lo que debes! – Y volvió sus incandescentes ojos azules a su amigo y dijo:

–     ¡El hombre éste está claro que quiere darle largas al asunto! – ¡ya no habla!

¡Edipo! ¡Edipo Rey! ¡Bendita sea Sófocles! ¡Edipo Rey he oído! – Se escucharon unos gritos de histérica alegría, mezclado con admiración y emoción desmedida.

Ms. Pascal había presenciado las amenazas de uno de los carpinteros traídos de Viex-Port unas horas atrás.

La riña se detuvo en el instante.

Ms. Pascal exaltado, deshizo la escena, dirigió su mirada de arriba abajo al hombre que había recitado “tan hermosas y perfectas palabras para sus oídos”

¡Cálmense todos!- Exclamo para terminar la riña- ¡Usted Gerard! cobre lo que le corresponde y le doy gracias por sus servicios!

Tomó del brazo al mozo que la había fascinado y comenzó su nervioso interrogatorio y delirante monologo:

–     ¡Que perfección pura! Monseiur ha recitado perfectamente “Edipo Rey”,! Dios me ha escuchado!

–     ¿Cuál es su nombre? A lo que el otro en congoja por pura sorpresa le respondió:

–     Laurence, Laurence Earnshaw.

-¡Pues sea bienvenido! ¡Laurence Earnshaw! ¿Ha escuchado usted sobre la actuación, joven amigo?- así lo sacó de la escena olvidando el resto, escenario, madera, riña y demás pormenores.

Así fue que Pascal guardó a Laurence como su más preciado tesoro, fueron un tutor y un aprendiz inseparables, padre e hijo, confidente y escucha, amigos de copas y almas comprendidas a partir de ese instante. Pascal se aseguró de pulir su diamante en bruto, así que su primera tarea fue perfeccionar su lectura y dicción, tener a disposición todas las más famosas e importantes literaturas posibles, idiomas, principalmente francés e italiano, poesías, canto, proyección de escena, cultura general, y le aseguró una paga maravillosa, así Laurence se convirtió en todo un actor profesional, Pascal mismo pulió su postura, tono de voz y modales para que fuera el mas perfecto caballero de la actuación, y allí lo ves, ¡Hecho todo un gran exito y aclamado por todos aquí! mas él es una persona misteriosa, increíblemente desconfiada y celosa, sólo se da el gusto de hablarles a unos pocos, es muy reservado, yo diría que es una persona poco común, es a veces tan cruel que no dice mentiras, ¡como ninguna otra persona que conocí cheri!, !esa es la verdad! Pero es mi mejor amigo, eso es irremediable.

¡Vaya imagínate! ¡Que galán sombrío! –dije a Lio-Y reí de manera divertida al saber a que me refería yo misma.

A partir de ese día, decidida y confiada por mi belleza, me propuse robar su atención de cualquier manera, así que escogí las butacas del teatro como mi nuevo sitio de trabajo para traducir las los guiones que Ms. Pascal me asignara, en vista de que era el sitio donde sus ensayos se llevan a cabo diariamente.

Él comenzó intercambiar conmigo miradas cortas desde el escenario, era un movimiento rápido de ojo, a penas perceptible. Pero cada vez se tornaron mas frecuentes y solo con el tiempo se fueron volviendo más y más consistentes, podría decir que era como si nos entretuviéramos en una pausa en el trabajo para buscar la mirada del uno y el otro, sin objeto por su parte supongo, mas yo quería hacerme notar, mi pelo rojo oscuro, mi piel blanca y mis labios carmín, le podían ofrecer a el solitario caballero algún tipo de compañía o quizas compartir una pequeña charla, así era tal el efecto en mi que ya sus cortas miradas me producían.

Mirarnos intensa y secretamente tomó su tiempo, mas yo lo buscaba siempre con mis ojos  hasta que los de él entendieron mi propósito, creo que solo por simple milagro de los santos tomaron matices que recordare uno a uno desde principio a fin.

El cambio lo noté con la primera mirada de un ensayo en la tarde, traducía yo la Ilíada de Homero al francés,  levanté la mirada desprevenida hacia el escenario y busque sus ojos como de costumbre, pero esta vez para sorpresa mía, encontré que me miraban con una profunda CURIOSIDAD, intercambiamos la misma curiosa mirada por unos instantes, cada quien tratando de inspeccionar los pensamiento del otro si eso se pudiere, luego él pestañeo y desvió su mirada hacia compañeros actores y continuó hablandoles a ellos como si nada, volvió a su tarea, dejándome a mí sin mas remedio que retomar la mía con el corazón latiendo y escuchandolo en miles de decibeles.

La segunda mirada que intercambiamos en el trascurrir de los días fue INTERES, encontré sus ojos sentado en el suelo del escenario, tapando su boca con algunos dedos a modo de pensamiento, diría yo, su ceño fruncido y sus ojos expectantes esta vez se filtró desprevenida alguna minúscula intensión o interés, que se volvió reciproca al mostrarle yo los míos. Cada quien miró al otro y nació el mismo gesto, una pequeñísima sonrisa ladeada, como sabiéndonos involucrados en un chiste privado.

Otro día de ensayo y de traducción, nuestra reciproca mirada fue de CORTESIA, reconocimos en cada uno que la faena nos envolvía de la misma manera y que nuestros pequeñísimos encuentros de mirada habían pasado a un plano cotidiano, mas un cambio surgió otra vez, él inclinó su cabeza en señal de saludo y yo inmediatamente contesté su gesto de la misma manera, totalmente cautivada por su iniciativa, y con manos sudorosas volví yo a mis hojas de traducción.

Surgió la secreta y privada mirada de ATRACCION, intercambiamos esta mirada ya si, con mucho más descaro, fuerzas que me había yo dado al saber que respondía eficazmente a mis intenciones, cada uno indagando con detenimiento un posible gesto de nuestras caras, observando cada espacio visible de nuestros cuerpos para guardarlos en nuestra memoria a modo de placer interno. Nos miramos fijamente, pero con una intensidad mayúscula, mas la mira de él luego  se torno fría e inexistente, como si lo hubiera envuelto un raciocinio o simple aburrimiento inmediato, desvió la mirada a su libreto, y esta vez, ya no volvió a mírame mas. Ese día regrese a mi estancia para no salir ni a la cena.

Continuaron pasando los días, así como la intensidad de nuestro silencio, solo era puro deleite de ese código de miradas privadas, para mi alivio, busque su mirada esa mañana con desesperación, quería saber si todavía permanecía nuestro secreto e silencioso código de miradas abrió sus ojos para mi y leí en el la inequivoca mirada de DESEO, fijé mis ojos en él ya mucho mas animada y expectante, nos miramos  el uno al otro y en sus ojos vi un deseo ardiente mezclado en llamaradas, mi corazón al verlos latía desbocado, mordiendo mi labio inferior, sostuve su mirada mostrando por fin la delirante pasión que se había formado en mí al cabo de todos estos días al reconocer esos dos ojos como prendas mias, fui descaradamente evidente al contemplarlos.

Él esquivo mi mirada al cabo de unos  minutos, mojó sus labios, tocó estos con sus dedos como sinetiendo satisfacción, camino a lo largo de las tablas y manoteo con fuerza la cortina roja que quedó basculante en escenario, dejo su libreto en la mesita y  salió del ensayo dejando a todos parados como faroles. Respiré con desespero él se había ido y me había dejado sin la mas mínima idea, perdida en sus ojos y en su gesto.

En fin y al cabo, era tarde para mi ya dependía mi día a día de cualquiera de las miradas que él se dispusiera ofrecerme y yo a responderle.

Al día siguiente, yo desde mi butaca hice el mejor propósito de permanecer serena y reservada, y quizas tomar una pequeña distancia para no incomodarlo más. Pero esta vez  él  me miró fijamente,  agachado desde un punto cerca de la cortina del escenario tenía su libreto en mano, levantó su cara hacia mí,  mostrando al verme, signos de INVITACION, yo, al instante me sentí asfixiada por sus poderosos y perfectos ojos esta vez, respiré y mi boca se entreabrió, enarqué una ceja, exhalé y mis rodillas temblaron separándose la una de la otra, le deje ver al pestañear con descaro mi ardiente y evidente deseo hacia él, él se levantó sin quitarme la vista de encima y se recostó de una columna al costado del escenario, levantó su rodilla y apoyó su pie de la pared, mojándose los labios una y otra vez con desfachatez, arregló su corbatin blanco, desprendiendolo cada vez mas de su cuello, y movió su pantalón con una de sus manos. Al ver todo ésto yo desde la butaca, trague saliva y exhale, no podía apartar la vista de él y de sus gestos ahora tan provocativos. En solo un instante apartó su mirada de mí, arregló su cola de caballo y en unas zancadas traspaso el escenario, dejo su libreto y ya yo no volví esa tarde.

Ya yo en ese tiempo me resigné solo al intercambio de miradas y gestos, era la única conexión que él se había dispuesto a tener conmigo, nunca dirigió una palabra hacia mi en ninguna de las otras ocasiones, fuera de esta rutina solo me ignorába con un silencio sepulcral, era para volverse loca. Para mi ya en ese punto era demasiado tarde, tan solo su presencia me descontrolaba, como un arrollo de primavera, sus perfectos ojos se habían enterrado en mí tan profundamente que los recordaba y una y otra vez en el mismo día, ansiaba la hora de verle en el ensayo, ansiaba saber que mirada y que gesto tendría guardado para mi, su agónico y descarado comportamiento se había ya instalado en mí, debajo de mi piel, mi ansiedad por tenerlo cerca se había hecho más y más fuerte, prácticamente nacía en mi una devoción y si ésta era una tortura, pues fui el mas fiel cordero. Él me había poseído con su mirada como jamás en la vida nadie lo había hecho, jamás experimenté tal cosa y esas particulares sensaciones.

–     No son rosas Lio, son como flores medievales, -dije- cierta noche en la lujosa y alumbrada taberna esta vez parecía mas pulida la madera y mas reluciente sus dorados detalles y candelabros.

–     ¿Te parece Cheri? Yo creo que son como rosas, rosas plateadas, fíjate están hundidas en el medio ¡Por eso siempre te pongo ésta, la misma copa con rosas marcadas y perfectas.

–     ¿Por qué eres tan dulce? ¡pareces sacado de un cuento perfecto!

–     Je ne suis pas celebre! very sad realy!  Cheri, No lo creo! Rosas han de ser.

–     ¡Off course you are! , and roses shall be.

Se abrió la magnifica puerta tallada en madera oscura y vidrios, Laurence entraba en la taberna, miró a los lados a ver que puesto estaba desocupado, encontró una silla con cierta distancia de mi y se sentó, Lio se apresuró a saludarlo.

-¡My Lord! Glad to see you, !Jesus  Christ, Laurence, we are almost in the season!

– My Lord, God evening, – contestó éste.

Luego de haber sido llenada su copa a plenitud, busqué su mirada como de costumbre, esta vez tratando de hacer un nexo fuera del escenario con nuestras constantes y cargadas miradas. Voltee mi cabeza hasta mirarlo, y enarqué una ceja de manera expectante y dirigí mi mirada  hacia él.

Éste retiro un poco su copa de vino con la punta de los dedos hacia Lio y dirigió su mirada perfecta, fría y con cierto desprecio, hacia mí.

Sentí como mi corazón se partía con un estruendo y pude casi mirar mil pedazos caer hasta el fondo de  la taberna, retire mis ojos de inmediato y haciendo un esfuerzo por ocultar mi delirante preocupación, pues no sabia exactamente que me atormentaba más si el miedo o el  dolor. Miedo a la posibilidad que él hubiera perdido el interés en mis miradas  y dolor a verme expuesta ante cualquier herida que pudiera causarme cualquier alma que respirara.

–     Im sorry, i dont want to leave you but i have to go now, – y delvoví mi copa de vino a Lio apartándola con la punta de mis dedos, quien pasó su mirada de Laurence a mi y viceversa, y luego haciendo un gesto de desconsuelo detrás de la barra en madera pulida dijo:

–     Please do not apologize Madame.- y retiró la copa.

–      Monsieur, was a wonderful evening, thanks for your the wine.

Me levanté de la silla y salí en dirección a mi estancia, caminé rápidamente para salir de la elegante taberna cuanto antes, Laurence se levantó y de un solo sacudón tomó su abrigo colgado en el espaldar de la silla, se fue enseguida, apuré mi paso, y volteé un milímetro mi cabeza y pude ver que me seguía, contuve la respiración y seguí caminado tratando de tener orden en mis movimientos, latía mi corazón en demasía, crucé los pasillos del teatro, la salita, el corredor, me adentré aún mucho más, pasé la carpintería, y encaré el pasillo que separa el teatro de la vieja casa, subí las escaleras y pude verificar que me seguía, debido al eco que sus pasos hacían en la escalera.

<Llegará hasta su estancia seguramente> pensé para mis adentros- y me invadió una amarga y desesperada tristeza.

Seguí a lo largo del pasillo aparentando total apatía, como de costumbre reconocí cada puerta y pose mis ojos en ellas.

-Pascal- la primera, continuo hasta el corredor -Laurence- la segunda, allí en ésa no escuché ningún pórtico rechinar, ninguna bisagra crujir, parece que nadie se detuvo allí, <sin duda me siguió hasta mi puerta> – pensé- y mi corazón me ensordecía con sus latidos, – Dankha Fiennes- se leía, allí que me detuve.

Separé mis manos que permanecieron unidas hasta ese momento, exhalé y tomé la llave en mi  bolsillo, abrí la puerta lentamente sin mirar hacia atrás, con dos pasos entré a mi estancia y entonces encare a quien me seguía, contuve la respiración expectante, traté de leer sus ojos en ése segundo, resignación pude distinguir, pasión, y quizás vestigios de una resignación, entrelazó su mano con la mía sin apartar su vista de mis ojos, me hizo soltar el pórtico así, di unos pasos hacia atrás y con un portazo quedo sellada nuestra privacidad en mi estancia, se abalanzó encima de mí, besando y mordiendo mis labios con desesperación, nos fundimos el uno en el otro con sendos besos, y con un abrazo besamos nuestros rostros también, volví a buscar su boca para probar de nuevo el sabor de su lengua, húmeda, dulce, ardiente como el néctar de un dios griego, nos apoyamos en la puerta puesto que no podíamos mantenernos en pie en tal colisión de planetas. Nos dejamos caer hasta llegar al suelo, mi sangre hervía en desmedida pasión, haló con fuerza las trenzas de mi vestido con sus manos y le sonreí complacida, halé su cabello para levantar su cara y buscar sus perfectos ojos azules, vi su mirada expectante y detenida, mis ojos le dijeron que ya no había marcha atrás, así nos volvimos fundir el uno en el otro,  complaciendo nuestros deseos privados por primera vez en muchas vidas.

Así se unieron la noche oscura con la bruma del mar, en un perfecto estado sin tiempo, ni luna, ni sol, no había desperdicio o carencia. Solo perfección pura.

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