Capitulo XV Los Celos

por thesecretwriteraboutyou

Sala de Ms.Pascal

Capitulo XV

–     Si las sillas son de madera pulida Dankuskha, son sesenta Francos más, si son algún tipo bancos sin espaldar es mucho mas barato.- dijo Lio mientras ambos apuntábamos las cuentas en unas hojas con números tachados de sumas y restas.

–     Mejor las sillas de madera pulida, sí, te alcanza, mis cálculos no han fallado.- dije mirándolo seriamente a los ojos.

–     Serán cincuenta sillas, ¿para cincuenta sillas bastará Dankuskha?

–     Sí, cuenta el dinero, ¿lo tienes allí?.- pregunté tomando notas.

–     Sí, en la caja fuerte.

–     Cierra la puerta con los cerrojos para que ningún extraño entre y puedas contar el dinero concentradamente.- y le hice un gesto de ¿Qué esperas? con las cejas.

–     Se movió de su silla y buscó las llaves de la taberna en su bolsillo, caminó hasta la puerta perfectamente pulida y paso los cerrojos y la llave para asegurar nuestra privacidad, volvió hasta la caja fuerte, dejó las llaves encima de ésta y saco el dinero, lo dividió en dos partes y nos dispusimos a contar sus ahorros.

–     Ciento noventa, doscientos…llevaba la cuenta yo…

–     Doscientos veinte, doscientos treinta…contaba Lio.

Toc, Toc. Toc…

–     ¿Lio estas allí? – Dijo la inigualable voz de Laurence detrás de la puerta de vidrio y madera.

–     Sí, estamos aquí, contesto Lio despreocupadamente, perdiendo la cuenta enseguida.

–     ¡Diablos Dankha!..ya me perdí otra vez!.-dijo Lio a modo de susurro.

–     ¡Laurence estamos aquí!, .- dije- y se podía notar mi alegría al saber que él estaba por entrar.

–     ¿Dankha? ¿estas tú también allí?- inquirió éste con voz de sorpresa.-

–     Sí, petitt aquí estoy…

–     ¡¿Y que esperan para abrirme la puerta?! -¡esta con llave!.- dijo éste. Haciendo rechinar el picaporte.

–     ¡Ya voy, ya voy! – dijo Lio, enredado con los billetes, las monedas y mirando a todos lados de la barra de madera buscando las llaves.

–     ¡Lio las llaves! ¿Dónde las dejaste?.- pregunté con leve voz.-

–     No me acuerdo Cheri…y se rasco la cabeza a modo de pensar con más claridad.

Así pasaron varios minutos mientras los dos buscamos las llaves en silencio, afuera se veía solo la imagen de la cara y el cabello de Laurence distorsionados por las figuras que salían en relieve a modo de adorno del vitral transparente.

–     ¿Por qué tardan tanto? .- dijo L.H. con voz casi neutra.

–     ¡No sé donde he dejado las llaves Monsieur! .- dijo Lio en un tono despreocupado.

–     ¡Revisa tus bolsillos le dije!.- sonreída por la estupidez de este.

–     ¡Ya los revisé!.- me dijo.- y me mostró el revés de sus telas azules vacías.

–     ¡Pues revisa adentro y yo reviso en el suelo!- dije a Lio, y me agaché.

Pasaron otros varios minutos más y Laurence esperaba afuera ahora en silencio…busqué cerca de las sillas y luego me levanté, registré los billetes, las pequeñas hojas, deslicé mi mano en el florero redondo…nada no encontré nada.

Tardó un siglo pero al fin llegó Lio con las llaves que había traído del fondo y que había dejado olvidadas sobre la caja fuerte, me las mostro con gesto de alivio. Y dijo : ¡Din! ¡Don!..y sonreímos los dos.

–     ¡Allors Monsieur! ¡He de abrirte al instante! ¡ya encontré las llaves!.- refiriéndose a L.H. quien esperaba ya con bastante ansiedad detrás de la puerta pero extrañamente en silencio.

En dos zancadas se acercó a esta y metió las llaves, las giró y con los dedos abrió los demás cerrojos, los cuales crujieron suavemente.-

El saludo de Laurence para su amigo no fue más que clavarle sus ojos perfectos como dos puñales, enarcar una ceja y colocar sus labios apretados a modo de dudas mostrando un posible enojo en cuanto a su retraso en abrir la puerta, yo lo miraba desde la silla donde me había sentado después de que ya las llaves fueron encontradas.

–     My Lord,- dijo Lio y mostró la palma de su mano a modo de mostrarle el camino de entrada a la taberna que ya tanto éste conocía.

Laurence dejó de mirarlo y pasó su mirada fulmínate directamente a mis ojos, enseguida pude sentir la tensión que se creó en el ambiente.

Lio lo siguió para volver a su puesto y seguir contando el dinero, ahora desparramado por todo la barra de madera.

–     Monsieur good evening.- dije expectante, sonriendo.- y estiré mi mano rápidamente a modo de tomar la suya.

Retiró los ojos de mí y se dirigió a Lio…no antes de estirar su brazo dándome un lento y sutil roce con su mano a penas hasta la punta de mis dedos.

–     ¿Por qué tardaste tanto en abrir Lio?.- Pregunto éste con un tono sumamente serio y afilado.

–     ¿Cómo que porque My Lord? ¡ No encontraba las llaves..¿Que pregunta es esa?.- dijo este con una pequeña sonrisa en los labios, volviendo sus ojos a mí dijo:

–     ¿Cuánto dio tu cuenta Dankuskha? Y volvió a reunir sus billetes.

L.H. retiro los ojos de él y pasó una detallada mirada a toda la barra de madera observando también el dinero, las sillas, las hojitas, el florero, el piso, y detenidamente observó la ropa de Lio, yo me quedé sentada y muda más no podía dejar de verlo, mi corazón comenzó a latir de los nervios me sentía incomoda y tensa, L.H. se comportaba como nunca antes lo había visto, podría jurar que estaba furioso.

Lio que se disponía a contar el dinero nuevamente,  no escuchó respuesta de mis labios más miró a L.H y no dejó de irritarle la desconfianza mostrada por él y agrego a modo de aclarar dudas:

–     Estamos contando el dinero para pagar algunos últimos detalles de mi nueva taberna…

L.H. no le contestó nada más, insistió en su mirada a él en forma fría, inspeccionando si existía algún gesto equivoco tras sus palabras.

–   ¿ Desconfías de mí Monsieur ?.- dijo Lio y pasó su mirada asombrada hacia mi. Y le dijo: ¿ Estas celoso?. ¿Eso es lo que le aturde Monsieur? …

Yo seguía sin pronunciar palabra, más pasaba mis ojos de Lio a Laurence y de Laurence a Lio con escasos segundos de diferencia…

–     ¡Han tardado bastante en abrir la puerta Monsieur! .- dijo este con voz firme.

–     ¿Qué podríamos haber estado haciendo Laurence? .- por fin pude pronunciar palabras.

–     ¡Que molesto te has vuelto! .- dijo Lio, ¡Esto es inadmisible Monsieur inadmisible!

Lio estaba hecho polvo por las sospechas de su amigo, mas yo sentía un abanico de sensaciones absolutamente confusas.

Laurence nos volvió a echar una última mirada un poco menos fría, se disculpó escasamente con su amigo, y me dejó saber que me esperaba en la salita de Ms. Pascal para arreglar unos detalles de un libreto. ..

–     Otelo.- me dijo.- Pascal quiere montar Otelo. Apartó el cabello de mi hombro con suavidad y alejándose guiñó un ojo a su amigo, así traspasó la puerta dejándola bien abierta al estirar una de sus manos.

-¡Esta loco el infeliz! .- dijo Lio, asombrado y enfurecido, dejándome ver como le habían afectado las palabras de su amigo, mas él era una mezcla de sumisión y ladridos que yo no entendía, ese era el efecto que L.H. provocaba en él.

– ¡Increíble!- Le dije mostrando verdadero asombro.

-¡Veo que te quiere en realidad!- dijo este con tono casi de burla.

-¿Qué? ¿Es lo que piensas tú?- y mi corazón latía fuertemente otra vez como un segundero desajustado. -y agregue: -Esa palabra jamas a salido de su boca.

– ¿Pues si eso no es amor?.- dijo y ladeo su cara.

– ¡You must be kidding me seriously! .- dije sonriendo y casi estallando en jubilo.

– ! Para que él reaccione así por una distinguida dama! ¡En mis narices! ¡Y sumándole una desconfianza a nuestra pulcra hermandad! ¡Pufff! ¡Imagínese Madame!.- dijo éste- arqueando las dos cejas, asimilando así la nueva posición de su amigo.

No pude pronunciar palabra… mas miles de mariposas revolotearon en mi estómago y subieron hasta mi cabeza, dejándome sumergida en unas llamaradas color rosa…pero llamaradas al fin que queman…

–     Bon Soir Monsieur.- dije.-saludando a Ms.Pascal, cuando llegué a la salita después de haber terminado mi labor con Lio.

–     Monsieur , y moví mi cabeza saludando a Laurence.

–     Madame.- dijeron al mismo tiempo los dos.

Se levantaron de sus asientos y LH pidió a Ms.Pascal que se sentara, cediendo su parte del sillón para mí, a Ms.Pascal siempre le gustaba  sentarse  a mi lado . Me acerqué hasta ellos y besé cada una de sus mejillas. Tomé el asiento cedido y Laurence se colocó justo detrás de éste, para escuchar la conversación, colocando sus codos y juntando sus manos en el espaldar de la sillón.

–     Dankha cheri, hay que comenzar a preparar Otelo me gustaría presentarla, la temporada se ha hecho interesante y me gustaría arreglarlo para Laurence.

La puerta de salita se abrió y entrò Berthe con el Té.

–     Berthe Cheri, estamos aquí, que delicia muero de sed.

–     Monsieur,.- dijo esta y se dispuso a preparar la mesita.

–     Bueno me parece maravilloso Monsieur,.- dije sonreída y ansiosa por tomar el Té.

–     Me gusta tanto Otelo, dijo Laurence acercándose a la mesita del Té que está dispuesta lejos de las tres sillones y al frente de la ventana, sonrió a Berthe, quien lo miro y pareció que se le derretían sus pestañas de puro gusto.

–     ¡Más grande que Otelo Laurence! ¡Que pasión! ¡Que ira! ¡Que desajuste Monsieur! .- dijo Ms.Pascal en perfecta emoción.

–      Uno de mis favoritos sin duda.- agregó L.H.

–     Y el mio.- dije alegremente.

–     ¡Recita pupilo mio! danos ese deleite, ¡por caridad pupilo, por caridad!

–     No hay nada que me plazca mas que complacerlo.-dijo éste- mas me guiñó un ojo y dijo:

–     Claro que debe entender que ahora esta Dankha y me apremia complacerla también.

–     ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Que encantadoras palabras Monsieur! ¡Los amo a los dos! ¡los amo! dijo Ms. Pascal sacando un pañuelo de su gabardina y secándose la frente y pasándolo luego por su cara ya que el motivo de su alegría lo había puesto colorado.

Me mojé los labios y exhalé escuchando mi corazón debatirse entre la vida y la muerte tras las palpitaciones irregulares. Así dirigí a él la mas amorosa mirada posible.

Berthe se puso palida y Ms.Pascal lo notó y le dijo:

–     Sientate Berthe, no te vayas a caer petite…escucha también que recita…

Y expectante guardó su pañuelo junto sus manos y dio pie para el comienzo:

Laurence soltó sus dedos de la taza caminó lentamente hasta la ventana y recostó su cuerpo allí…

Traspasaron sus ojos los vidrios que dejaban ver algunas diminutas ramas de un paisaje a lo lejos y su mirada se perdió allí, levantó su rostro con elegancia y dejo caer el brazo que no le apoyaba hasta uno los botones de su gabardina, soltó aire de sus pulmones y  tocó con su dedo índice el pulgar de su misma mano y los frotó con suavidad, abrió sus perfectos labios lentamente y nos dejó escuchar los siguiente:

…Me quiso bien su padre.

Con frecuencia me invitaba, y la historia de mi vida

me hacia relatar, año por año:

las batallas, los sitios, los encuentros

que presencie, desde mi tierna infancia

hasta el momento aquel en que me oía;

al recorrerla de azares en la mar y en tierra firme,

de inminentes peligros en la brecha,

de caer en poder del enemigo y esclavo ser después,

de mi rescate, de viajes remotos y aventuras,

de oscuros antros y áridos desiertos, precipicios y

rocas y montañas que sus cabezas en el cielo esconden,

tuve que hablar: mis artes fueron esas.

Del feroz antropófago, de horrendos caníbales,

de seres cuyos hombros ocultan sus cabezas:

tales cosas con atención Desdémona escuchaba;

y cuando los domésticos quehaceres la llamaban,

cumplialos al punto, volviendo con famélicos oídos

a devorar ansiosa mi relato.

Advirtiéndolo yo, propicia hora busqué;

Y trazas me di para que ardiente ruego

me dirigiera suplicando le narrará mi

gran peregrinaje, del que partes acaso conocía,

más todo no; y, en ello consintiendo, correr

miré sus lagrimas a veces, al referir un lance desgraciado

de mi niñez. Un mundo de suspiros al terminar

recompensó mi historia; que era extraña, me dijo,

asaz extraña; que era triste, muy triste; que querría

jamás haberla oído, mas quisiera que hombre cual

yo la hubiera Dios  formado.

Me dio las gracias; y, si algún amigo,

me agregó, yo tenia que la amará

que le enseñase a relatar mi historia,

para lograr su amor. Hablé yo entonces.

Me amó por los peligros que he pasado,

Y yo la amé por condolerse de ellos.

Esta ha sido mi sola hechicería.

La dama ved; atestiguarlo puede…

Se cerraron sus labios y retiró su vista de la ventana posando sus perfectos ojos azules en mí, una profundad en su mirada hizo que mis dos pupilas ennegrecieran el resto de la salita y solo pude ver su perfecta cara y sus amabilísimas pupilas deleitándose con mi mirada.

Sonreí conmovida y se rasgó esta vez un poco más el agujero que llevo dentro desde aquella vez en el Veux-Port, lo llevo dentro desde ese día. Mi precioso Heathcliff, mi alma gemela, mi deleite puro, el embajador de mis sueños, mi fantasmal delirio.

Berthe tocó su pecho conmovida, y luego juntó sus manos para aplaudirlo. Ms.Pascal soltó sus acostumbrados suspiros y tapó su rostro con sus manos moviéndolo de lado a lado y rápidamente aplaudió sin medida. Aplaudí también y Laurence mostro su más pulcra y valiente sonrisa.

¡Querido pupilo eres un Ángel! ¡Bendito sea Dios!. Y abrió sus brazos para llamar a su pupilo y poder besarlo. A lo que éste se acercó para recibir tal muestra de afecto, y dijo:

–      ¡Angel negro Pascal! ¡Angel negro!…

Recibió la tasa de Té de las manos de Berthe y se sentó frente a mí en otro cómodo  sillón blanco, a lo que todos nos sumergimos en el Té y en una acogedora, romántica e intima charla.

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