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mayo 15, 2012

Capitulo XXII Fin

por thesecretwriteraboutyou

Capitulo XXII

 

 

Hades Laurence, y comencé mi relato:

 

En la mitología griega, Hades el dios del inframundo, era un hijo de los Titanes Crono y Rea. Tenía tres hermanos, Zeus y Poseidón. Juntos constituían los seis dioses olímpicos originales.

 Zeus, Poseidón y Hades tenían armas Zeus los truenos, Poseidón el tridente y Hades un casco de invisibilidad. La noche anterior a una primera batalla con los Titanes, Hades se puso su casco y, siendo invisible, se infiltró en el campamento de éstos y destruyó sus armas, Hades y sus dos hermanos menores, Poseidón y Zeus, echaron a suertes los reinos a gobernar. Zeus tendiéndole una trampa a Hades, lo engaño con un juego de palos de madera y destrono de lo que le correspondía por ser el primogenito, el universo, asi Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el inframundo, el reino invisible al que los muertos van tras dejar el mundo, así como todas las cosas bajo tierra.

 Hades obtuvo su consorte definitiva y reina, Perséfone, mediante artimañas.

Hades tenía en realidad un carácter más altruista que perverso. A menudo se lo retrataba más como pasivo que como malvado: su papel era a menudo mantener un relativo equilibrio.

 Hades reinaba sobre los muertos, con la ayuda de otros sobre los que tenía completa autoridad. Prohibió estrictamente a sus súbditos abandonar sus dominios y se enfurecía bastante cuando alguien lo intentaba, o si alguien trataba de robar almas de su reino. Era igualmente terrible para quien intentaba engañar a la muerte o cruzarla.

Aparte de Heracles, las únicas personas vivas que se aventuraron en el Inframundo fueron todos héroes: Odiseo, Eneas, Orfeo y Teseo. Ninguno de ellos estuvo especialmente satisfecho con lo que presenciaron en el reino de los muertos. En particular, el héroe griego Aquiles, a quien Odiseo conjuró con una libación de sangre, dijo: «No me hables con dulzura de la muerte, glorioso Odiseo. Preferiría servir como mercenario a otro antes que ser el señor de los muertos que han perecido.»

–     Para ser Honesto me lo imaginaba el peor de los Dioses ¡Pero válgame Zeus le ha ganado que pillo èste!.- dijo con una pequeñísima sonrisa de villano..- y agregó: Creo que es mas victima, ¡míralo que injuria! ¡Engañado y destronado por su propio hermano!

–     Mon Amour, es èste mundo que convierte al ángel en demonio, y a un asesino en héroe, Laurence.- dije con voz un poco triste sabiendo la desdichada vida pasada de ambos.

–     Una insípida razón tenia tu hermana al compararme con Hades.- dijo y se levantó de la silla, cerrando las cortinas y dejando a la ventana huérfana de miradas, me tendió la mano y me levanté de la silla también.

–     ¿Por qué Laurence?, ¿Por qué lo dices? – le pregunte siguiendo sus pasos en la estancia.

–     Tuve un hermano una vez.- dijo. Buscando entre las paginas en la cama su libreto de Otelo.

–     ¿Y? .- preguntè con atención  mientras mi corazón deseaba que contara mas de su pasado.

–     También me despojo de mis dotes, también me robo lo que me habían dado.-dijo con voz que escondía una ira casi viva.

–     ¿Y por eso los dejaste? ¿Por eso viniste a Marsella?

–     No.- respondió, esta vez tomando asiento sobre la cama con sus hojas ya dispuestas.

–     Él me despojo de mi vida entera, cambió mi destino por completo, dejándome a merced de la burla y el maltrato.

Una breve pausa se apoderó del momento y su gesto, su semblante entero cambió a un taciturno y derrotado Laurence, sus recuerdos lo volvieron Heathcliff, detrás de este artista que es hoy, entonces por primera vez escuché a Heathcliff hablar de si mismo,  el verdadero dueño de esta historia, su realidad.

–     La otra terminó de matar lo que en mi había. Me quito ya lo único que a mí me quedaba, el corazón,  por respeto a ti no contaré nada mas.

–     Por favor continúa, dije.- son palabras que me interesan oír, Petitte, ¿Cómo podría yo aliviar tus penas? Aunque no quieras que te ame, ya solo estamos los dos no hay nadie mas.

–     ¿Cómo puedes amarme estoy que soy?.- dijo mirándome con ojos delirantes.

–     Mereces mas que amor.- le dije.

–     Dankha…dijo. Y luego guardó silencio.

–     Si solo intentaras quererme…

–     ¡Claro que te quiero! .- dijo. Y desvió la mirada a la luz de las velas.

Y tomè de sus manos las hojas y las coloqué lejos, y lo abrace con ternura, fuerte queriendo dejar ese momento eterno, besando sus mejillas, compadeciéndome de el como siempre, mire sus ojos y le dije:

–      No te pedirè nunca mas nada, solo dí que me amas Laurence, solo dilo para mi.

–     En este momento te amo Dankha…

Así pasaron un par de días hasta la mañana de la mordida de Juene. Cuando me desperté de aquella turbación Laurence y Dan me acompañaban en la estancia y la enfermera ya se disponía a hacerme un vendaje, todavía tenia la ropa mojada por la lluvia de aquella mañana, Laurence tenia todavía manchas en las manos y en la camisa  la sangre de Juene, su cabello mojado y su cara de triste culpa y preocupación lo mantenían con pálido semblante.  Nadie se atrevió a escribirle una carta con la noticia a Ms. Pascal a Paris, mas bien con las horas, mi mejoría iba marchando, las cosas un poco mas lentas pero normales, ya Lio se disponía a dejar la taberna, faltaba poco, yo dormía más de las horas normales, debido a los calmantes y remedios, en oportunidades cuando despertaba, vi a Laurence hablar solo como Otelo, tras la cortina y la ventana. Me causo gracia, y recordé sus palabras de hace varios días ¡Claro que te quiero! ..en este momento te amo. Y yo te quiero más. <Dije para mis adentros>.

Otra vez que despertè una noche y estaba a mi lado, solo contemplándome. Y dijo:

–     Come Dankha, has dormido mucho.

–     Si, dije.-

Otra mañana me trajo todas las cartas de mi baúl ruso, como lo habíamos acordado el día anterior, y colocó la silla en la ventana para que me distrajera con el paisaje mientras en su ausencia seguía los  ensayos de Otelo abajo en las tablas. .

Así me fui recuperando, poco a poco ya dormía menos…

Luego llegó la noche que más me duele recordar, la noche que nunca olvidare, la noche de “Hades” y las últimas palabras que escuche de sus hermosos labios:

“Dankha, esta noche seré “Hades”, príncipe del tártaro, estoy buscando alguien como tú, con esta carita, con esta voz, me cantas una canción, Hada?…”

“¿Conoces a álguien que pueda liberarte de mi prisión infinita”

“¡Shuuuuuuu,  Dankha, mejor no digas nada, ya sabes que lo que busco es quién quiera a este “Hades”, ¿que tienes aquí? Ay! No me lo digas, mantente callada… ¡Ah, es un botón!.”

“y éste otro? Ay ¡es otro botón de la camisa de un hada”…

 

De las manos de Ms. Pascal he tomado esta carta que el encontró en su cuaderno de cuero marrón desgastado, nunca se lo llevo, estuvo en el saco negro traído de Liverpool, guardado largo tiempo en el armario, mojado por el mar o por una tormenta, ese mismo saco que repudio con todas mis fuerzas es solo eso el dueño de mis pesadillas. Cuando Ms.Pascal se lo llevo, reviso cada una de las anotaciones que allí habían, obteniendo esta como la prueba de la más fehaciente razón de la triste y desventurada partida de Laurence Heathcliff aquella fatídica noche. Sabemos con esta misiva porque salió de su casa dejando a los suyos, sabemos también porqué se fue del teatro dejando nuestras dos almas en pena.

Ms.Pascal me mira con corazón desgarrado mientras leo estas líneas.

 

Querida Cathy:

Tan solo ayer esa noche negra, la más negras de todas las noches, tras dejar Cumbres Borrascosas, vagué bajo la lluvia por algunas horas o todas las horas, si la eternidad es posible en la tierra, allí estaba precisando mi silencio. Corrí para alejarme del eco de tus palabras que sentenciaban mi carne y me abrumaban por tu amor por Linton, busque los árboles más lejanos, pasé la verja, corrí más lejos y más lejos, cuando recordé que no tenia ya aliento, me deje caer en una zanja de rodillas y ya no quería respirar más. La lluvia caía sobre mi cara y el vaho espectral de mi boca ya no pudo pronunciar tu nombre. ¿Podría el lodo lavar el lodo? Cogí la tierra entre mis manos, la tierra de Cumbres, la apreté con tanta fuerza y se clavaron en mis manos astillas y piedras, sangré entonces Cathy, sangré entonces por mis manos, estas mismas que te han tocado, estas mismas, que ya hoy te pierden. Temblado, empapado por el frio y consumido por el odio, juré que esta seria la última vez que sangrara en Cumbres Borrascosas; la última vez que verían a Heathcliff débil, despreciado, desangrado y traicionado. Esta noche he perdido el juicio Cathalina Earnshaw, soy un lobo Cathy, me has condenado a la oscuridad, a vivir despreciado por mi otra mitad, por mi único ser en común, ya yo sé, que si hoy sangro yo, mañana lo harás tu. Pero ¡Linton!, ¡Linton! maldigo ese nombre y lo que él conlleva, ¿cómo puedes traicionarme? ¿Dejarme por un aspecto Cathy? ¿Y yo? ¿Y lo que yo tengo por dentro? Pagarás con tu vida y ya eso lo sabemos, porque no sabes vivir sin mi Cathy y porque nunca lo has intentado. Esta noche la daga la empuñas tu contra mi pecho, en nombre de tu amor por Linton.

 

Yo no me volveré un sacerdote, seré un demonio, pero voy a volverme rico Cathy, me iré a la guerra y a las luchas, voy aprender a hacerme la honra y cuando mate, mataré pensando en Linton y cuando ame a las mujeres…¡oh no!, Cathy eso no… ya no habrán más mujeres, así hoy tu ya me condenas al abismo de la soledad, ¿es que puede un perro ladrar sin su voz? ¿O puede acaso un oso cazar sin sus garras? Así me has dejado Cathy, huérfano de uñas y de garras, hecho un incendio, desolado, apaleado, pero ¿y tu Cathy? ¿Podrás sobrevivir a esto? Ya no debería importarme, maldita tú que has rechazado mi corazón, ¡oh Cathy, Cathy! ¿porque? Y lloro y sufro al saber que te perdí y lloro y sufriré, al no poder volver a escuchar el sonido del viento y las piedras y tu voz, en Cumbres Borrascosas.

 

Te juro Cathy que volveré a Cumbres a cobrar los precios, a incendiar los árboles, a matar los perros y los gatos y todo aquel que viva y respire en las Cumbres y voy a quemar al mismo diablo y a toda su legión… Pero al matar a Linton, Cathy, voy a enterrar su cuerpo o sus cenizas, ¿quién sabe? Me haré un héroe de guerra y de esta guerra que comenzaste tú contra mi corazón. Habré encontrado hoy el único motivo de levantarme de este hueco inmundo, de este charco de cenizas que hoy es Heathcliff, he encontrado un nuevo y único motivo para respirar Cathy, la sangre de Linton.

 

Adiós mi alma, te dejo esta misiva colgada en esta ventana, en donde fue nuestro hogar en Cumbres Borrascosas, confiando en el diablo para que la borrasca no se la lleve y puedas saber cuanto te ama éste, tu pobre Heathcliff.

 

Cathy, recuérdame…

 

¿Como has renunciado a ti y a mi, tan fácilmente? !oh Cathy, Cathy!, este mi corazón es tuyo, ya yo no me lo llevo, así me cuesta esta vida, quisiera que al despertar mañana todo fuera una pesadilla, pero sabré por mis manos heridas que esto ha sido una suerte de despedida.

 

Eternamente tuyo…. Heathcliff

mayo 15, 2012

Capitulo XXI Orfeo

por thesecretwriteraboutyou

ventana de Dankha y Laurence

Capitulo XXI

-Ven aquí, no te escaparas tan fácil…-dijo L.H. cuando entré en la estancia la misma mañana que Ms. Pascal se fue a Paris y lo sorprendí sentado en la cama rodeado de libros y hojas y anotaciones, de inmediato dejó su trabajo, y me acorraló con sus besos hasta dejarme sin aliento…

– Me vas a contar ahora la historia de Orfeo Dankha Fiennes…y no te concederé más tiempo…

– Monsieur Laurence me deja sin aliento, atenderé su suplica en un instante.- y reí mirando su rostro curioso.

– Hada maléfica, ahora estamos solos tu y yo, Ms.Pascal no podrá ayudarte ni rescatarte, a esta ahora un su carruaje va rumbo a la iluminada Paris, ¿quien te podra salvar de mi? ¿quien? y réimos los dos de su discurso de locura.

– Voy a quemar tus alas Hada malefica. !Prepárate!

– !Qué insania mental L.H., deberías de visitar a un medico! –dije mientras reía desprevenidamente.

– Bueno, es que esta calidad de Hades que descrito a la perfección tu hermana en  aquella carta que no voy a recordar….! me lleva de los cabellos!…. me seduce la idea de solo pensar que puedo ser tan potente y mordaz como un temible Dios griego.

– Lo eres, -dije y halé las trenzas de su camisa dando un pequeño beso a sus labios.

– Ya me verás, ¿me quieres ver como Hades hada maléfica?

– ¿Me dejaras arder contigo diablo embaucador?.- le dije mientras lo besaba aún mas y acariciaba sus mejillas.

– ¿Arderías en desgracia por mi?.- dijo él sonriendo y provando con suavidad mis labios.

– Ya ardo en profundas llamas Laurence. Tú me has quemado ya hace tiempo.- dije con voz casi inaudible.-

Laurence, tragó saliva y se detuvo en su juego seductor y apartó su rostro de mí lentamente, me regalo una fingida sonrisa y mirando mis ojos trató de ocultar con ojos de actor un pequeño gesto de terror que invadió sus perfectos ojos azules. Abrió su boca y exhalo una vez, se apartó de mí aún con más fervor y soltó poco a poco sus manos de mi espalda, con un pequeño gesto de cortesía beso mi mano dejándome en el sitio, y yo no pude pronunciar palabra.

Se separó de mí en silencio, caminado por la estancia y se sentó en una de las sillas cerca de la ventana, arregló su camisa y recogió una cola de caballo con sus cabellos, me pidió una vez más que le contara la historia de Orfeo. Para la cual accedí a su petición y me senté en la otra silla para contemplar y adivinar las  facciones de mi héroe en cada palabra consecuente  a mi historia, comencé mi relato posando mi vista en la ventana veía sus ojos de vez en cuando, él miraba mis labios y mis ojos con atención desmedida, para el momento la estancia se llenaba de palabras de colores y de brillos celestiales griegos, y comencé mi relato de la siguiente forma:

 

La historia más conocida sobre Orfeo es la que se refiere a su esposa Eurídice. Algunas versiones cuentan que mientras huía de Aristeo fue mordida por una serpiente y murió en la pradera solitaria a  orillas del río Estrimón, Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente, que todas las ninfas y dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo para hacer peticiones al Dios Hades. Camino de las profundidades del inframundo, tuvo que sortear muchos peligros, para los cuales usó su música, e hizo detenerse a los tormentos del inframundo (por primera y única vez). Llegado el momento, con su música ablandó también el corazón de Hades tales sonidos pudieron tocar el corazón del magnifico Dios, dejando asomar una lagrima en su rostro febril y morboso, se ha dicho que éste pudo de alguna forma conocer el profundo significado del amor de Orfeo por Eurídice, permitiéndole a ella retornar con él a la tierra; pero sólo bajo la condición y única promesa de que debía caminar delante de ella, y que no debía mirar hacia atrás y confiar ciegamente en que ella estaría allí detrás de él, que lo seguiría, podría mirar sus ojos solo hasta que ambos hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.

A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto, incluso cuando pasaban junto a algún peligro o demonio, no se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien. Llegaron finalmente a la superficie y, por la desesperación, Orfeo volvió la cabeza para verla; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, todavía tenía un pie en el camino al inframundo: Eurídice se desvaneció en el aire, y esta vez para siempre…cuando murió Orfeo después de muchos años el alma de Orfeo rencontró a Eurídice en el inframundo y desde ese momento son inseparables… Otros contaban que cuando Orfeo había viajado al inframundo en busca de Eurídice se volvió para ver si ella le seguía pero no había nadie y se suicidó por pena. Los tracios decían que los ruiseñores que tenían sus nidos encima de la tumba de Orfeo eran mejores cantores que los demás…

Vi como L.H. contuvo la respiración después de este último relato, donde la infame Eurídice no viajaba detrás de su Orfeo, retiró la mirada de mi y perdió su vista en la ventana.

–     ¡Devorada entonces el alma del Dios griego Hades por los suplicios de un solo hombre!- dijo con amargura.

–     Un Dios al fin- dije yo.

–     Un Dios ni bueno ni malo.- dijo él clavando su renuente mirada en mis pálidos ojos.

No dije nada.

–     ¿Cómo interpretarlo? ¿acaso falsas promesas? ¿un engaño de un divino Dios? ¿desconfianza? ¿desesperación? ¿incredulidad?.- dijo volviendo su rostro a la ventana.

–     Traición.-dije por fin.

–     ¿Cómo?

–     Pérdida de Fe.

–     Sortilegios del cruel destino.- dijo.

Un silencio se apodero de la estancia y un rato largo lo observe deliberando en sus propias conclusiones.

–     Háblame de Hades.- dijo finalemnte. Y cerró sus manos entrecruzándolas de manera expectante.

mayo 15, 2012

Capitulo XX Ayer

por thesecretwriteraboutyou

Capitulo XX

Tuve que preparar el viaje de Ms. Pascal, no me atrevo de hablarle del nueva confesión de Laurence, ama a su pupilo demasiado, pero mi cara delata mi estado de animo sombrío. ¿Seré yo alguna vez sòlo un recuerdo apacible de sus infantiles y egoístas tormentos? ¿De qué sirve el amor si no se ama?…

-¡Aller Pettitte estas aquí! – dijo Ms.Pascal entrando a su salita.

–     M.Pascal esta casi todo listo, partirá ya tan solo en un par de días.-dije con fingida energía.

–     Te veo distinta Dankha, ¿es que haces esfuerzos para hablar Pettitte?

<! Como me conoce este viejo Español! Que artística la vida cuando nos hace con un rostro con semejantes expresiones! > -pensè para mis adentros.-

–     Es solo preocupación- dije. Con la mentira más blanca que pude encontrar.

–     ¿Por mi partida Petitte? ¡Ah no! ¡No petitte de ninguna manera haremos esto así!- dijo con tono firme y resuelto.

–     No, M.Pascal, nada tiene que ver su viaje a Paris con mi animo.

–     ¡Que es Dankha! ¡Dímelo Pettitte!, ¿¡que  atormenta tu rostro apacible!?

–     Es solo remordimiento.- dije y enseguida busqué una silla para sentirme más segura y no estar de pie ante mis cavilaciones inconsistentes e incongruentes.

–     ¡Entonces es Laurence,- dijo este con tono inteligente y firme convicción.

–     Lo miré sin ganas de angustiarlo, pero a estas alturas ya el mal estaba hecho.

–     ¡Que ha pasado Dankha ¿ qué ha hecho mi pupilo infeliz para lograr tu congoja?.- dijo sentándose a mi lado con su cara en perfecta preocupación.

–     Me ha confesado alguno de sus tormentos Monsieur.- dije mirándolo como estatua.

–     ¡Ho sí ¿Dankha?, así nada mas lo dices? Y riò despreocupadamente y sus mejillas se tornaron color rojo, y lo invadió una nostalgia de sus días de juventud desprevenida y ligera.

–     ¡Dankha Cherie! ¡Eres tan dulce Cherie! ¡Tan dulce! Pobre pupilo mio! Ha de andar bajo un manto de siniestra tristeza, ¿un taciturno juicio atormenta tu alma?. Laurence Pettitte mía, es un naufrago de sus propias aguas, deja que el mismo se entienda, no trates tu de entenderle, si yo fuera tú solo dejara que vaciara sus tormentos, quizás si los vacía uno a uno llegará el día de que ya no los padezca mas…y tu tendrás por fin su corazón y su tranquilidad.

–      Eso si no le diré nada, por mí no sabrá que conozco la desventura de su corazón…agrego. Ms.Pascal arqueando una ceja.

Y siguió hablando con su gesto ahora mucho más atinado y calmado:

–     ¿Puedes Dankha confiar en el destino y dejar que los rumbos tomen su curso sin intervenir?

–     Oui Monsieur.- dije tan fríamente como pude.

–     Madurar, sé que esto de alguna forma te hará madurar, mas bien a los dos diría yo. En mi ausencia no tendrás casi tiempo de pensar en esos desfortunios, la ocupación da a la mente pasillos sin muebles. Otelo Pettitte, Otelo. Solo piensa en Otelo hasta que yo regrese.

–     Sin menor atisbo de duda Monsieur.- respondí sonriendo a la figura más cálida que he conocido en mi vida.

–     Me iré entonces siendo fiel a tu buen juicio Pettitte.

Nos levantamos de las sillas y seguimos el trajín del día a esperas de su partida a Paris en breves horas, mas la sorpresa que ya vendría nos dejo caprichosos e infantiles, anduve por los pasillos del teatro sin ver a L.H. que se encontraba en su ensayo cerca de las tablas…

–     ¡Dankha petitte! ¡Apresurate ven! .- dijo la voz de Lio con una exaltación divertida.

–     ¡Monsieur! ¿vas como con premura? ¿A donde?.- dije mirando sus dos ojos que brillaban como perlas de puro gozo.

–     ¡es Juene, es Juene ¡ ¡està teniendo a los perritos! ¡En este preciso momento!

–     ¡De verdad petiit! – dije llena de alegría!- ¿en donde Lio? ¿en donde están?

–     La esta atendiendo Laurence, también esta Dan y los demás, vamos no hay que perder tiempo, -dijo éste llevándome de la mano.

Cuando llegamos los dos, Laurence que estaba agachado como ayudante de Dan, se levanto con mucho sigilo y buscando mi mirada dijo:

–     Bon Jour Madame.

–     Monsieur, fue lo único que salió de mi boca, mas no le regalé ni la mas mínima mirada, el hielo se apodero de mi como castigo a mi magnifico verdugo, a mi otra alma abatida, al emperador de mis sueños.

–     Dankha ya están naciendo los perritos.- dijo él en tono tan dulce y sutil, haciéndome pensar que sus palabras de ayer no hubieran existido nunca. Y una furia inclemente cerró mi boca y mis ojos no se dignaron a posarse en sus cuencas perfectas. Más éste movió todo su cuerpo buscando cercanía al mio y su cara me buscó de una forma brusca, me miró con sus ojos expectantes arqueando sus dos cejas. Y yo solo pude contestarle con una fulmínate mirada.

–     Lo sé, vine a ver a Juene.

Un cerrado gesto al parpadear y volvió a mirarme arqueando una vez más sus cejas, restregándose las manos con un pañuelo. No pronunció palabra, bajo la mirada y pareció que mil flechas cruzaron su corazón desvalido.

Y me agache para ver el maravilloso proceso por el cual todos nos reunimos con ternura, Juene se comportó muy bien, dejó que la entendieran, más sus veterinarios inexpertos hicieron un gran trabajo y así llegaron seis nuevos perritos. Me quedé agachada unos minutos más y Laurence se agacho muy cerca de mí, y pude sentir como su mirada se posaba en mi rostro, desgarrando mi interior, y debilitando mi hielo puro. Me levante de la escena, los dejé a todos allí, y sentí como su mirada me siguió hasta perderme en la puerta del teatro.

Llegué a la sala de teatro donde me encontré sola, leyendo las últimas páginas de Otelo quería prevenir errores en el ultimo guion. Al trabajar todo el día y ocuparme de todos los detalles del teatro, me deje llevar por las tareas de ultima hora, fue hasta que subí a la estancia que lo vi.

–     Bon Soir Madame.- dijo con voz casi neutra.

–     Monsieur.- dije con voz clara rayando en perfecto francés.

–     ¿Te has decidido a ignórame entonces? –dijo con tono amenazador.

Una sonrisa se afloró en mis labios y le dije:

–     Bajo ningún motivo Monsieur.

–     ¿Un poco de compañía no te hará daño Hada maléfica.-dijo con voz apagada.

–     Sin duda mi señor.- contesté fríamente. Y agregué:

–     Debo ajustar algunas de las cuentas de Lio, es cuestión de algunas pocas horas.

–     ¿Esta noche? ¿Qué hay de la historia de Hades y de Orfeo? ¿No me la contaras tampoco hoy?.- dijo mostrándome la cara y sus ojos perfectamente abiertos con una pizca de egoísmo sutil.

–     Quizás luego Monsieur, cuando regrese.- dije .

Caminé unos pasos hasta el ropero, y me siguió como un alma en pena, me tomó por el brazo y tomo mis cabellos delicadamente, me miro fijamente tratando de buscar respuestas a mi fría actitud, me abrazó con fuerza,  y un torrente de palabras en susurro se dejó escuchar desde sus labios…

-Bésame Dankha…no estés fría, que estas matando mi alma…

Tomó mi cara con sus manos y beso mis labios con desesperación, dejando descubierto mis hombros fuera del vestido con sus manos, mordió mi cuello, y besò mis mejillas, y no pude contenerme a su ardiente deseo, lo abracé con todas mis fuerzas y una vez mas mi verdugo bebió mi sangre y succiono mis fuerzas dejándome desvalida ante sus ojos que me miraban tiernamente mientras consumábamos nuestro infierno personal una vez más como noche tras noche.

Al cerrar la puerta y dejar a Laurence acompañado solo por la luz de las velas, caminé por el pasillo, rojo, bellísimo, vacío, seguí dejando atrás cada puerta, bajé las escaleras, atravesé medio teatro, y llegué a la taberna, me senté sin pensamientos no en la barra, si no en una de las mesitas.

Lio llegó, con una curiosidad desmedida.

-Bon Soir Madame, ¿Qué tienes Dankha? ¿Qué te aflige? ¿Dónde has dejado a Laurence?

– Está arriba. Dije-.

– ¿Qué te sucede Cherie?

– Nada,

– Dankhuska no mientas, es tarde para eso, conozco cada gesto de tu rostro.

– suspirè sin darle respuestas.

– ¿Quieres hablarme petitte?

… y solte un torrente de palabras …

– A veces pienso que …-dije- por fin mirándolo a los ojos.

– ya estoy condenada. Agregué.

– Ya vuelvo.-dijo Lio- dejándome en plena cavilación.

Volvió rápido, supongo, yo no contaba el tiempo, trajo dos copas y una botella de vino. Sirvió para nosotros y dispuso a escuchar, hablar y opinar.

–      Él te ama cherie.

–      ¿Cómo puedes saberlo con exactitud?.- dije mirándolo, pero sin sentir el mas mínimo alivio.

–      Lo conozco Dankha.-dijo seriamente, mirándome a los ojos- y agregó.

–      Quizás sea, que no pueda con eso, quizás no lo quiera aceptar, quizás luche contra eso él solo.

–      No te creo-le dije fríamente, tomando un sorbo de vino.

–      Lo conozco. .- dijo- si no te basta con eso…

–      El amor no es así, -le dije…-

–      ¿No? ¿Y entonces como lo es? –dijo él tomando su copa de vino.

–      Es cálido, tranquilo, no es amenazador.

–      ¡Es una hoguera Dankha!, ¡eso es el amor!, ¿no es acaso donde tu estas metida?, ¿no es acaso donde él esta metido? No pienses en amores juveniles, ¡esto es diferente!.

–      ¿Diferente?, ¡esto es un infierno desmedido!, no hay promesas, ni palabras de aliento, esto es una treta de la cual no puedo salir y está devorando mi alma, a pesar de que ahora lo veo cada noche, eso ya no es suficiente. Un sigilo siempre esta allí, su pasado lo atormenta robándomelo hora tras hora y trayéndolo de vuelta arrepentido. Está allí siempre, no puedo batallar con sus demonios, son inmensos.

–      Tu misma no puedes batallar con los tuyos, -dijo él.

Un silencio se apodero de nuestra conversación. Y tome mucho mas vino. Lio, se recostó de la pared no encontrando ya palabras que decirme, solo sentía su mirada traspasar mis ojos, mas absorbió todo mi dolor como un verdadero amigo y confidente, sus palabras “te ama” rondaban mi cabeza una y otra vez. Quise reírme y creerlo, quise creerlo fervientemente, pero la lucha me consumía, el miedo a perderlo, sus palabras dan miedo, yo no tenia ni salida, ni llaves, ni ventanas.

Lio se levantó de su silla, supongo que pasó un buen rato, pues yo me hundí en mis pensamientos. Que cada vez más me envenenaban con llameantes historias vividas y pasadas, con conclusiones que no quería tener, con desilusión amarga de las consecuencias devastadoras que tenían este amor para mi, me pregunté si realmente llegaría él a cortar mis alas de hada y me dejaría desángrame en una habitación oscura como lo quiso alguna vez.

Hundida en mis reflexiones, vi como una mano llegaba hasta apartar la silla de la mesa, mi cabeza recostada a la pared se movió unos milímetros para ver el rostro de Laurence apoderarse del espacio.

Sentado buscaba mi mirada y estiro su brazo hasta tocar la punta de mis dedos con sus manos.

-Perdóname Dankha, dijo-…. ayer…..       y recostó su espalda a la silla y volvio a quedarse en silencio.

No me moví tanto, mas capté su mirada con atención, tampoco abrí los labios, solo posé mis ojos sobre él, esta vez eran oscuros tristes y sombríos.

mayo 14, 2012

Capitulo XIX Perdidos

por thesecretwriteraboutyou

Capitulo XIX

Mientras reposaba mi corazón a punto de romperse, pude al despertarme en medio de la noche, ver a Laurence alumbrado por la luz de las velas, como escribía cartas, una tras otra y luego las rompía, las hacia añicos y luego las desechaba, tenia una cola de caballo en su hermosa cabellera negra, tenia un camisón blanco desatado, la pluma y el tintero negro y su mirada era pasiva, mas con una profundidad distante, como si resolviera ciertos enigmas privado, había una copa de vino que lo acompañaba en la mesita y la botella abandonada en el suelo. Mi corazón se sintió satisfecho al verlo, al saber que estaba cerca, pero al percibir estado de ánimo senti que una bruma fria se adueñaba de la noche…la preocupaciòn comenzo a latir en mi corazón esperando saber que turbaciones nuevas podrían estar adueñandose del corazón de mi amado.

Mi amor, dije para mis adentros, es tan bello y perfecto, amo la más mínima sonrisa y su más mínimo gesto, quisiera poder haberle aliviado tantos males en su pasado, así de esa manera lo quiero yo tanto, ¿Cómo no pude ser su hada de verdad? !Que infortunio! si yo hubiera llegado antes a él, le hubiera mostrado las puertas del amor,  el amor mas allá de otra condición, pero el secretamente èl me ha dejado saber todo este tiempo que es tarde para èl y tarde también para convencerlo, es tarde para nosotros quizas, ¿es por eso que mi corazón ya esta casi roto?¿ Es por eso, que no puedo entregarme a la dicha?, quizás la venda que tengo puesta me ayuda a seguir adelante, a creer en un cambio bueno, nuevo, pero a la larga se cumplirá mi pesadilla, sé que desaparecerá, es el miedo que todos tenemos al amar a alguien…no podré sobrevivir a esto, me dejará como un alma en pena. Será como vivir sin mi corazón…

Quien ha roto tu corazón ha roto también el mio Laurence, ha matado tus esperanzas y las mías, es una continua cadena de desamor, interminable, incontable…. persigue a los amantes que una vez amaron, condenándolos a la amargura eterna, al ardor y a la desconfianza, a veces será preferible escapar lejos y no vivir en el amor….-pensé para mis adentros mientras lo observaba.-

–     Dankha ¿te he despertado?…-dijo si voltear a verificar mi sueño.

–     Bon soir Monsieur- dije a penas con una voz tenue.

–     Creo que no te sientes bien Pettitte, ¿es acaso algo que tienes y no me has querido decir?.- dejando las cartas y volteando su rostro para verme.

–     No, Laurence. De verdad que nada.

Quedó un silencio en la estancia y nos contemplamos uno al otro por largo rato en esa corta distancia, el me revisaba con una mirada de inquisidor, de inspector, de soldado inspeccionando un saldado de otro bando caido, más pude apreciar un hermoso brillo en sus ojos, parecía un niño con miedo, dejó la pluma y esta vez se levanto de la silla y se acercó hasta mí, sentándose en el suelo y tomándome de la mano, recostó su mejilla en la sabana blanca y besó la punta de mis dedos.

Volvió su mirada a mí y comenzó su delirio:

–     Estoy atormentado Dankha- dijo en voz baja, casi a modo de suplica.

–     Petitte como que… ¿porquè?.- dije en tono de alarma…

–     Shuuuu…por favor no digas nada Dankha, déjame hablar por primera vez.-

No dejó que viera su rostro volvió su mirada al suelo y mantuvo pegada su mejilla a la sabana y a mi mano, acaricié su cabello con la otra mano a modo de consuelo, más mi corazón latía desbocado, y mis pensamientos y temores ardían como un incendio apacible pero vivo.

–     Estoy lleno de dudas Dankha…. Estas  herida de alguna manera, lo sé. Lo pude ver en tu rostro esta tarde después del esayo de Otelo, siento yo que de alguna forma rompo tu corazòn poco a poco y en silencio. Por eso has dormido tanto, para poder recuperarte…

– Laurence….núnca pienses….-dije y en cada latido de mi corazón iba una palabra.

– Dankha escuchame….

A veces pienso que podria matarte de amor, otras veces me doy cuenta que tu misma podrias matarte de amor por mi, ¿y yo que puedo hacer? Me quedarme callado, tratando de no sentir culpa, tratando de dejar que tu misma te des cuenta y te puedas alejar de mi, quizas…. de este vampiro desalmado que soy yo, un lobo un bandido, un ángel negro…

Y es que soy un fantasma Dankha, lo he sido desde siempre, y los serè al contar los días, cosa que yo ya te he dejado ver, pero es tan difícil para los dos aceptarlo, siento que consumo cada espacio de vida como si fuera el ultimo aliento, el hueco que tengo como corazón es tan enorme que me tragaría Francia entera y todavía quedaría con hambre, quizás soy tan perverso que si en algun momento partiría o  moriría yo, te estaré matando también a ti, y lo justifico haciéndome el sordo, el ciego,  pero tu me haces sentir Dankha  que te hundo cada día  mas y mas en mi penumbra, quizás lo hago con la intención futura de castigarte por ser y sentir lo que ya yo no tengo, quizás en mis mas oscuras fantasías contemplo con orgullo como te consumes por mí, y eso mismo es lo que me mantiene vivo, y me da fuerzas para vivir….pero a la larga tu quedaras perfectamente como una replica de mí mismo, seca, muerta en vida, un diablo disfrazado de Ángel Dankha, cuando te arranque el corazón de un pedazo, por consecuencia no sentirás más el brillo de la mañana cuando yo me vaya, quizás no querrás amar a mas nadie, y ese serà mi triunfo secreto, tu te hundirás en tus cavilaciones, en un pesimismo negro como un abismo, en una furia desmedida, de esa manera te habré arrancado el amor y te habré arrancado la capacidad de vivir de la manera más sencilla posible. Serás tan exigente y tan altanera que compañía alguna no querrás, has de volverte una envoltura de paja, sin vida, una cara sin corazón, un cuadro pintado en la pared, una belleza fria, un ventanal sin salida, con sonrisa falsa y tus pensamientos solo serán febriles divagaciones de nuestros recuerdos en nuestros días felices,  ni confiar ni creer podras y la emoción más fuerte ahora, la percibirás sin colores, pálida, gris. ¿es eso lo que podria yo dejar en ti Dankha?…detalles decolorados y un martir ennegrecido.

–     Es tarde para eso Laurence…dije a penas con una voz que acariciaba el silencio. Si al condernarte tú a tu mismo destino, me condenas a mí al sufrimiento.

–     Soy como soy, no me lo puedo negar a mi mismo. Dijo- y ésta vez levantó su mirada y pude ver sus ojos de sinceridad y juicio infernal de miles de tormentas, una lucha interna e infinita.

–     Tú podrías cambiar el curso de nuestras vidas, piensalo.  ¿porque no dejas tus oscuras pesadillas atrás? ¿y vives un tiempo conmigo cálido?, nadie tiene que ir a ninguna parte Laurence, ni morir por esto.

–     No puedo tener una vida apacible Dankha, los fantasmas queremos devorar y consumir lo que más podamos antes del amanecer, antes del destierro final.

Le solté la mano y giré mi cuerpo para evitar sus ojos, estaba quizás tan aturdida y espantada como él con sus palabras, coloqué mi cabeza en la almohada, dejando verter todas las lagrimas que salieron de mi alma….

–     Llora lo que puedas Dankha,. -Dijo  con voz calmada.

–     Espero que no vuelvas a hablar de esa cosas Laurence. No voy a dejarte. Te quiero y ya no hay mas remedio, dèjame tu si eso es lo que quieres.

– Perdoname Dankha, soy un ruin, te hiero si te digo lo que podria suceder, y  te hiero si lo ocultara…pero seria mas ruin aùn.

– No te atormentes por mi.-dije a penas en un susurro.

– Trata de dormir Petitte, estarè aqui cuando despiertes, estarè aqui mañana y tambien despues de mañana.

– Si esta noche es para ti una confesión, la guardarè para ti, mas son palabras que nodejare por sentadas y las dejaré al viento, que se las lleve la fria noche, asi como tus penas, Laurence…

– Tu me salvas Dankha, de mis delirios, pero es tan dificil la entrega….- dijo en voz casi inaudible.

Regresò a la mesita y se sento en la silla hundindo su propia vida en sus tristes pensamientos, en sus febriles miedos, en si mismo….

Pasadas ya las horas sentí como se delizaba por la sabana su cuerpo calido y besándome una mejilla secò las lagrimas que habian quedado en mi rostro testigo de su emboscada oscura…

Reposa mi alma en ti Dankha….-dijo en us susurro.

 

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