Capitulo XX Ayer

por thesecretwriteraboutyou

Capitulo XX

Tuve que preparar el viaje de Ms. Pascal, no me atrevo de hablarle del nueva confesión de Laurence, ama a su pupilo demasiado, pero mi cara delata mi estado de animo sombrío. ¿Seré yo alguna vez sòlo un recuerdo apacible de sus infantiles y egoístas tormentos? ¿De qué sirve el amor si no se ama?…

-¡Aller Pettitte estas aquí! – dijo Ms.Pascal entrando a su salita.

–     M.Pascal esta casi todo listo, partirá ya tan solo en un par de días.-dije con fingida energía.

–     Te veo distinta Dankha, ¿es que haces esfuerzos para hablar Pettitte?

<! Como me conoce este viejo Español! Que artística la vida cuando nos hace con un rostro con semejantes expresiones! > -pensè para mis adentros.-

–     Es solo preocupación- dije. Con la mentira más blanca que pude encontrar.

–     ¿Por mi partida Petitte? ¡Ah no! ¡No petitte de ninguna manera haremos esto así!- dijo con tono firme y resuelto.

–     No, M.Pascal, nada tiene que ver su viaje a Paris con mi animo.

–     ¡Que es Dankha! ¡Dímelo Pettitte!, ¿¡que  atormenta tu rostro apacible!?

–     Es solo remordimiento.- dije y enseguida busqué una silla para sentirme más segura y no estar de pie ante mis cavilaciones inconsistentes e incongruentes.

–     ¡Entonces es Laurence,- dijo este con tono inteligente y firme convicción.

–     Lo miré sin ganas de angustiarlo, pero a estas alturas ya el mal estaba hecho.

–     ¡Que ha pasado Dankha ¿ qué ha hecho mi pupilo infeliz para lograr tu congoja?.- dijo sentándose a mi lado con su cara en perfecta preocupación.

–     Me ha confesado alguno de sus tormentos Monsieur.- dije mirándolo como estatua.

–     ¡Ho sí ¿Dankha?, así nada mas lo dices? Y riò despreocupadamente y sus mejillas se tornaron color rojo, y lo invadió una nostalgia de sus días de juventud desprevenida y ligera.

–     ¡Dankha Cherie! ¡Eres tan dulce Cherie! ¡Tan dulce! Pobre pupilo mio! Ha de andar bajo un manto de siniestra tristeza, ¿un taciturno juicio atormenta tu alma?. Laurence Pettitte mía, es un naufrago de sus propias aguas, deja que el mismo se entienda, no trates tu de entenderle, si yo fuera tú solo dejara que vaciara sus tormentos, quizás si los vacía uno a uno llegará el día de que ya no los padezca mas…y tu tendrás por fin su corazón y su tranquilidad.

–      Eso si no le diré nada, por mí no sabrá que conozco la desventura de su corazón…agrego. Ms.Pascal arqueando una ceja.

Y siguió hablando con su gesto ahora mucho más atinado y calmado:

–     ¿Puedes Dankha confiar en el destino y dejar que los rumbos tomen su curso sin intervenir?

–     Oui Monsieur.- dije tan fríamente como pude.

–     Madurar, sé que esto de alguna forma te hará madurar, mas bien a los dos diría yo. En mi ausencia no tendrás casi tiempo de pensar en esos desfortunios, la ocupación da a la mente pasillos sin muebles. Otelo Pettitte, Otelo. Solo piensa en Otelo hasta que yo regrese.

–     Sin menor atisbo de duda Monsieur.- respondí sonriendo a la figura más cálida que he conocido en mi vida.

–     Me iré entonces siendo fiel a tu buen juicio Pettitte.

Nos levantamos de las sillas y seguimos el trajín del día a esperas de su partida a Paris en breves horas, mas la sorpresa que ya vendría nos dejo caprichosos e infantiles, anduve por los pasillos del teatro sin ver a L.H. que se encontraba en su ensayo cerca de las tablas…

–     ¡Dankha petitte! ¡Apresurate ven! .- dijo la voz de Lio con una exaltación divertida.

–     ¡Monsieur! ¿vas como con premura? ¿A donde?.- dije mirando sus dos ojos que brillaban como perlas de puro gozo.

–     ¡es Juene, es Juene ¡ ¡està teniendo a los perritos! ¡En este preciso momento!

–     ¡De verdad petiit! – dije llena de alegría!- ¿en donde Lio? ¿en donde están?

–     La esta atendiendo Laurence, también esta Dan y los demás, vamos no hay que perder tiempo, -dijo éste llevándome de la mano.

Cuando llegamos los dos, Laurence que estaba agachado como ayudante de Dan, se levanto con mucho sigilo y buscando mi mirada dijo:

–     Bon Jour Madame.

–     Monsieur, fue lo único que salió de mi boca, mas no le regalé ni la mas mínima mirada, el hielo se apodero de mi como castigo a mi magnifico verdugo, a mi otra alma abatida, al emperador de mis sueños.

–     Dankha ya están naciendo los perritos.- dijo él en tono tan dulce y sutil, haciéndome pensar que sus palabras de ayer no hubieran existido nunca. Y una furia inclemente cerró mi boca y mis ojos no se dignaron a posarse en sus cuencas perfectas. Más éste movió todo su cuerpo buscando cercanía al mio y su cara me buscó de una forma brusca, me miró con sus ojos expectantes arqueando sus dos cejas. Y yo solo pude contestarle con una fulmínate mirada.

–     Lo sé, vine a ver a Juene.

Un cerrado gesto al parpadear y volvió a mirarme arqueando una vez más sus cejas, restregándose las manos con un pañuelo. No pronunció palabra, bajo la mirada y pareció que mil flechas cruzaron su corazón desvalido.

Y me agache para ver el maravilloso proceso por el cual todos nos reunimos con ternura, Juene se comportó muy bien, dejó que la entendieran, más sus veterinarios inexpertos hicieron un gran trabajo y así llegaron seis nuevos perritos. Me quedé agachada unos minutos más y Laurence se agacho muy cerca de mí, y pude sentir como su mirada se posaba en mi rostro, desgarrando mi interior, y debilitando mi hielo puro. Me levante de la escena, los dejé a todos allí, y sentí como su mirada me siguió hasta perderme en la puerta del teatro.

Llegué a la sala de teatro donde me encontré sola, leyendo las últimas páginas de Otelo quería prevenir errores en el ultimo guion. Al trabajar todo el día y ocuparme de todos los detalles del teatro, me deje llevar por las tareas de ultima hora, fue hasta que subí a la estancia que lo vi.

–     Bon Soir Madame.- dijo con voz casi neutra.

–     Monsieur.- dije con voz clara rayando en perfecto francés.

–     ¿Te has decidido a ignórame entonces? –dijo con tono amenazador.

Una sonrisa se afloró en mis labios y le dije:

–     Bajo ningún motivo Monsieur.

–     ¿Un poco de compañía no te hará daño Hada maléfica.-dijo con voz apagada.

–     Sin duda mi señor.- contesté fríamente. Y agregué:

–     Debo ajustar algunas de las cuentas de Lio, es cuestión de algunas pocas horas.

–     ¿Esta noche? ¿Qué hay de la historia de Hades y de Orfeo? ¿No me la contaras tampoco hoy?.- dijo mostrándome la cara y sus ojos perfectamente abiertos con una pizca de egoísmo sutil.

–     Quizás luego Monsieur, cuando regrese.- dije .

Caminé unos pasos hasta el ropero, y me siguió como un alma en pena, me tomó por el brazo y tomo mis cabellos delicadamente, me miro fijamente tratando de buscar respuestas a mi fría actitud, me abrazó con fuerza,  y un torrente de palabras en susurro se dejó escuchar desde sus labios…

-Bésame Dankha…no estés fría, que estas matando mi alma…

Tomó mi cara con sus manos y beso mis labios con desesperación, dejando descubierto mis hombros fuera del vestido con sus manos, mordió mi cuello, y besò mis mejillas, y no pude contenerme a su ardiente deseo, lo abracé con todas mis fuerzas y una vez mas mi verdugo bebió mi sangre y succiono mis fuerzas dejándome desvalida ante sus ojos que me miraban tiernamente mientras consumábamos nuestro infierno personal una vez más como noche tras noche.

Al cerrar la puerta y dejar a Laurence acompañado solo por la luz de las velas, caminé por el pasillo, rojo, bellísimo, vacío, seguí dejando atrás cada puerta, bajé las escaleras, atravesé medio teatro, y llegué a la taberna, me senté sin pensamientos no en la barra, si no en una de las mesitas.

Lio llegó, con una curiosidad desmedida.

-Bon Soir Madame, ¿Qué tienes Dankha? ¿Qué te aflige? ¿Dónde has dejado a Laurence?

– Está arriba. Dije-.

– ¿Qué te sucede Cherie?

– Nada,

– Dankhuska no mientas, es tarde para eso, conozco cada gesto de tu rostro.

– suspirè sin darle respuestas.

– ¿Quieres hablarme petitte?

… y solte un torrente de palabras …

– A veces pienso que …-dije- por fin mirándolo a los ojos.

– ya estoy condenada. Agregué.

– Ya vuelvo.-dijo Lio- dejándome en plena cavilación.

Volvió rápido, supongo, yo no contaba el tiempo, trajo dos copas y una botella de vino. Sirvió para nosotros y dispuso a escuchar, hablar y opinar.

–      Él te ama cherie.

–      ¿Cómo puedes saberlo con exactitud?.- dije mirándolo, pero sin sentir el mas mínimo alivio.

–      Lo conozco Dankha.-dijo seriamente, mirándome a los ojos- y agregó.

–      Quizás sea, que no pueda con eso, quizás no lo quiera aceptar, quizás luche contra eso él solo.

–      No te creo-le dije fríamente, tomando un sorbo de vino.

–      Lo conozco. .- dijo- si no te basta con eso…

–      El amor no es así, -le dije…-

–      ¿No? ¿Y entonces como lo es? –dijo él tomando su copa de vino.

–      Es cálido, tranquilo, no es amenazador.

–      ¡Es una hoguera Dankha!, ¡eso es el amor!, ¿no es acaso donde tu estas metida?, ¿no es acaso donde él esta metido? No pienses en amores juveniles, ¡esto es diferente!.

–      ¿Diferente?, ¡esto es un infierno desmedido!, no hay promesas, ni palabras de aliento, esto es una treta de la cual no puedo salir y está devorando mi alma, a pesar de que ahora lo veo cada noche, eso ya no es suficiente. Un sigilo siempre esta allí, su pasado lo atormenta robándomelo hora tras hora y trayéndolo de vuelta arrepentido. Está allí siempre, no puedo batallar con sus demonios, son inmensos.

–      Tu misma no puedes batallar con los tuyos, -dijo él.

Un silencio se apodero de nuestra conversación. Y tome mucho mas vino. Lio, se recostó de la pared no encontrando ya palabras que decirme, solo sentía su mirada traspasar mis ojos, mas absorbió todo mi dolor como un verdadero amigo y confidente, sus palabras “te ama” rondaban mi cabeza una y otra vez. Quise reírme y creerlo, quise creerlo fervientemente, pero la lucha me consumía, el miedo a perderlo, sus palabras dan miedo, yo no tenia ni salida, ni llaves, ni ventanas.

Lio se levantó de su silla, supongo que pasó un buen rato, pues yo me hundí en mis pensamientos. Que cada vez más me envenenaban con llameantes historias vividas y pasadas, con conclusiones que no quería tener, con desilusión amarga de las consecuencias devastadoras que tenían este amor para mi, me pregunté si realmente llegaría él a cortar mis alas de hada y me dejaría desángrame en una habitación oscura como lo quiso alguna vez.

Hundida en mis reflexiones, vi como una mano llegaba hasta apartar la silla de la mesa, mi cabeza recostada a la pared se movió unos milímetros para ver el rostro de Laurence apoderarse del espacio.

Sentado buscaba mi mirada y estiro su brazo hasta tocar la punta de mis dedos con sus manos.

-Perdóname Dankha, dijo-…. ayer…..       y recostó su espalda a la silla y volvio a quedarse en silencio.

No me moví tanto, mas capté su mirada con atención, tampoco abrí los labios, solo posé mis ojos sobre él, esta vez eran oscuros tristes y sombríos.

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